Trump recae en el escepticismo frente al brote de casos de coronavirus en la Casa Blanca

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El fin de semana pasado iniciaba con una noticia de alto impacto, Donald Trump y su esposa Melania Trump, habían dado positivo ante las pruebas de coronavirus. El presidente fue hospitalizado durante 72 horas, sometido a diversos tratamientos y con dolencias mínimas.

Durante su estadía en el hospital Walter Reed en Bethesda, Trump utilizó la red social Twitter para llevar tranquilidad no sólo a sus votantes, sino también a los miembros de la cúpula de gobierno que presentaron su preocupación por haber estado en contacto con él o su comitiva, horas previas al reconocimiento público de que presentaba sintomatología correspondiente al COVID-19.

“No tengan miedo de la covid. No dejen que domine su vida”, escribió este martes desde Twitter. “¡Se acerca la temporada de gripe! Cada año, muchas personas, a veces más de 100.000, y a pesar de la vacuna, mueren por la gripe”, ha tuiteado el presidente. “¿Vamos a cerrar nuestro país [por la amenaza de muertes por gripe]?”, ha añadido “No, hemos aprendido a vivir con eso, al igual que estamos aprendiendo a vivir con el covid en la mayoría de los territorios. ¡Es mucho menos letal!”. El presidente en reiteradas ocasiones ha comparado la pandemia del coronavirus con una gripe de temporada, desestimando la importancia de este virus que se ha cobrado la vida de más de 200.000 estadounidenses desde el inicio del brote. Los centros para el control y prevención de enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), frente las declaraciones de Trump, han alzado su voz manifestando que el rango de fallecidos por la gripe en un año normal es de 34.000 a 43.000, cifra que ya ha sido superada en gran cantidad.

Facebook ha eliminado los últimos posts del mandatario alegando contener información maliciosa y engañosa, y Twitter ha seguido sus pasos, bajo la categoría de “información engañosa y potencialmente dañina”.

La estrategia que se desprendía al inicio de la convulsión mediática y popular ante el cuadro de Donald Trump, era el de restar importancia a la amenaza del virus, a la gravedad de la crisis, para presentarse como el único candidato dispuesto a reabrir el país y salvar la economía. Algunos miembros de su compañía electoral alegaban que era el escenario perfecto para humanizar la figura del mandatario, demostrando que un par entre ellos, un estadounidense común, también había batallado y experimentado en carne propia la enfermedad que ha tocado a cerca de millones de estadounidenses. La oportunidad, que hubiera permitido un salto en las encuestas, se esfumó ante las primeras declaraciones del presidente desde dentro del hospital.

La lealtad al presidente pasa por el escepticismo ante la crisis sanitaria y la estrategia en la recta final de la campaña es prometer una vuelta a la normalidad, desestimando el caos y paranoia innecesaria frente a la enfermedad, porque no es al final del día, un problema de alta complejidad. Mientras, el coronavirus se propaga por la Casa Blanca y hasta el Pentágono. En el partido republicano, encontramos voces como la del senador Ron Johnson, positivo de covid-19, que habló de un “nivel de histeria injustificado”.

Se sabe que al menos ocho personas están infectadas y todas menos una se sentaban en las primeras filas de las sillas colocadas en el jardín de la Casa Blanca donde se llevaba a cabo el acto para nominar a la juez Barrett. Además de Donald y Melania Trump, han dado positivo el exgobernador de Nueva Jersey, Chris Christie; Kellyanne Conway, exasesora de Trump que dimitió en verano; los senadores republicanos por Utah y Carolina del Norte Mike Lee y Thom Tillis; el reverendo John Jenkins, presidente de la universidad católica de Notre Dame; además de un periodista cuyo nombre no ha trascendido. Diversos miembros de la cúpula del Pentágono se han puesto en cuarentena también tras haber estado expuestos al virus, después del positivo del vicecomandante de la Guardia Costera, el almirante Charles Ray, según el Departamento de Defensa. Entre ellos, el general Mark A. Milley y casi todo el Estado Mayor Conjunto que preside.

Desde el ala demócrata han vuelto a alzar su voz sobre la importancia de seguir los protocolos sanitarios, utilizar máscaras y cumplir con el distanciamiento social, estrategia que le ha permitido a Biden liderar el promedio de encuestas nacionales por nueve puntos, a poco más de tres semanas para las elecciones presidenciales del 3 de noviembre.

“Usar una mascarilla no es una declaración política, es una recomendación científica”, apuntó este martes por la tarde Biden. Realizó un llamamiento a la unidad de los demócratas y republicanos para que trabajen juntos para vencer la pandemia del COVID-19. “Es un virus, no un arma política”, agregó.

La carrera electoral sigue, aún ante los últimos sucesos que han tenido lugar en la política norteamericana. El vicepresidente Mike Pence, que ha dado negativo en su última prueba de diagnóstico, debatirá este miércoles con su rival demócrata, Kamala Harris, en Salt Lake CIty (Utah), y este martes se negaba a aceptar que se coloquen mamparas de plexiglás entre los candidatos. El 15 de este mes, en Miami, Florida, tendrá lugar el segundo debate presidencial entre Biden y Donald Trump. Este último ha manifestado en Twitter que espera con ansias volver a enfrentarse con el candidato demócrata.

Fuente: El País.

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