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Putin, de 68 años y que lleva más de dos décadas al frente de Rusia, propuso esa nueva norma el año pasado como parte de las reformas constitucionales que los rusos respaldaron en una votación en julio de 2020.

Los legisladores aprobaron la ley el mes pasado y el presidente completó este lunes el proceso que le da luz verde para poder presentarse cuando expire su mandato en 2024.

La ley, que se ha publicado este lunes en el boletín oficial ruso, limita a dos los mandatos presidenciales; y no solo dos consecutivos, como ahora, lo que permitió a Putin alternar dos mandatos seguidos con uno como primer ministro, y vuelta a la presidencia. Sin embargo, la ley marca específicamente que quienes se desempeñaron como presidente de Rusia antes de la entrada en vigor de las enmiendas a la Constitución ya no tienen prohibido volver al puesto. Y eso reiniciaría las oportunidades de Putin, de 68 años, aunque también las de su aliado Dmitri Medvédev, el hombre que le sustituyó para guardarle el sillón del Kremlin durante un mandato, entre 2008 y 2012, cuando el líder ruso se vio obligado a dejar la presidencia y ocupar el cargo de primer ministro precisamente porque la Constitución no le permitía volver a presentarse por tercera vez consecutiva. En 2012, Putin volvió a concurrir y se cambió la Constitución para ampliar el mandato presidencial de cuatro a seis años. Las maniobras dieron lugar a protestas multitudinarias en todo el país.

Con los cambios constitucionales, que no solo ponen su contador a cero sino que equivalen a todo un paquete de medidas que hace de Rusia un país más conservador y nacionalista, habla de patriotismo y de religión, Putin se garantiza también que ningún otro presidente tenga tanto poder como ha ostentado él. Su maniobra de alternar presidencia con el puesto de primer ministro ya no será posible.

El presidente ruso, que en teoría debía haberse retirado en 2024, cuando finaliza su mandato actual, es muy críptico sobre su futuro y evita pronunciarse sobre sus posibles planes políticos. Los analistas creen, de hecho, que las modificaciones a la Constitución rusa son sobre todo una fórmula para dejarse todas las puertas abiertas y para relajar los posibles bailes de sables en torno a su sucesión. De momento, no hay delfín a la vista. Además, con las nuevas leyes, Putin garantiza para sí mismo y para Medvédev ―y en cierta forma para los familiares de ambos, sus bienes o empresas― inmunidad de por vida. Medvédev, que sigue al lado de Putin, es ahora el vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia.

La reforma, que llega cuando Putin, que ha permanecido durante la mayor parte de la pandemia en su residencia de las afueras de Moscú y sin apenas actos públicos en abierto, se encuentra en uno de sus momentos más bajos de popularidad (aunque sigue estando en un 60%, alto para los estándares occidentales), sobre todo por la crisis sanitaria, el descontento social, la economía y el caso del opositor Alexéi Navalni, envenenado el pasado verano en Siberia y que acusa al líder ruso de orquestar su ataque.
Alexei Navalny inició la semana pasada una huelga de hambre para reclamar un tratamiento médico adecuado en prisión.

Navalny, de 44 años, fue arrestado en enero en su regreso a Rusia tras pasar varios meses en Alemania recuperándose de un envenenamiento con Novichok del que culpa al Kremlin.

En febrero fue sentenciado a dos años y medio de prisión por violar su libertad condicional tras una condena pasada por fraude.

Reuters, El País Internacional, BBC.