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El Kremlin, que acusa a Ucrania del aumento de la tensión y de “provocaciones” para caldear las hostilidades y conducir a una guerra abierta, ha negado que esté preparando un ataque. Sin embargo, ha defendido tajantemente que tiene libertad para desplazar a su Ejército por su territorio para garantizar la seguridad de Rusia. Un movimiento que Dmitri Peskov, el portavoz del presidente ruso, Vladímir Putin, describió como “necesario” ante lo que consideró “una mayor actividad” de las fuerzas de los socios de la OTAN y otros países. “Rusia no representa una amenaza para ningún país del mundo”, ha recalcado Peskov este lunes. El ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, ha advertido también de que un recrudecimiento del conflicto militar en la región del Donbás, en el que el Kremlin siempre ha negado su participación, podría “destruir” Ucrania. Su número dos, Serguéi Ryabkov, ha asegurado este lunes que mantiene “contactos de alto nivel con los estadounidenses” sobre la situación ucrania.

La muerte el 26 de marzo de cuatro soldados ucranios al norte de la línea de contacto de la ciudad de Donetsk terminó de dinamitar el frágil alto el fuego acordado el pasado julio. La tregua, que había sufrido violaciones constantes con escaramuzas cada vez más agresivas, era la octava en saltar por los aires desde 2018. Ucrania acusa a Moscú ahora, además, de “disfrazar” con los nuevos movimientos militares lo que es en realidad un despliegue de “grupos tácticos”, ha dicho Ruslan Khomchak, comandante en jefe del Ejército de Ucrania.

En lo que va de año han muerto 19 militares ucranios en el conflicto de la región del Donbás, desencadenado después de la movilización ciudadana proeuropea que derrocó al presidente Víktor Yanukovich, aliado del Kremlin, y de que Rusia se anexionase la península ucrania de Crimea con un referéndum considerado ilegal por la comunidad internacional. La guerra se suavizó en 2015, tras los acuerdos de Minsk entre Rusia y Ucrania, negociados por Francia y Alemania. Sin embargo, el pacto no ha terminado de implementarse y ahora surgen de nuevo las voces que lo ven como papel mojado.

La escalada en el este de Ucrania, un punto geoestratégico para la UE y la OTAN en sus relaciones con Rusia, se produce en un momento de graves tensiones también entre Moscú y Occidente por el caso del opositor Alexéi Navalni, víctima de un envenenamiento tras el que se aprecia la mano del Kremlin. Y acrecentadas por los comentarios del presidente estadounidense, Joe Biden, que declaró que considera a Putin un asesino. Llega en un momento en el que Rusia ha definido sus relaciones con la UE —a quien ha acusado de ralentizar la aprobación de su vacuna contra el coronavirus por política— como “inexistentes” y tras el fiasco de la visita del alto representante para Política Exterior de la UE, Josep Borrell, a Moscú.

EE UU y la UE, que sancionaron a Rusia por anexionarse Crimea, apoyan económicamente a Ucrania con cientos de millones de euros en ayuda exterior. Washington, además, procura asistencia militar a Kiev.

Las intenciones de Moscú con la nueva escalada de tensión y los movimientos militares no están claras para los expertos. Aunque el hecho de que se estén realizando de manera visible da una idea de que su intención no es la de lanzar un ataque a gran escala. Más bien, cree Alyona Getmanchuk, directora del gabinete de estrategia New Europe Center, trata de mostrar su músculo y poner a prueba la nueva Administración de Biden.

Analistas, como Michael Kofman, director del programa de estudios sobre Rusia en la corporación de análisis CNA, creen que Moscú está tratando de intimidar a Ucrania y presionar a sus aliados occidentales para que respalden ciertas concesiones políticas con el objetivo de que Rusia calme la tensión.

Estados Unidos, que con la nueva escalada ha elevado su nivel de vigilancia del conflicto a “crisis potencial inminente” —el más alto—, según The New York Times, ha pedido explicaciones al Kremlin sobre sus “provocaciones”, según ha explicado el Departamento de Estado este lunes. Y el viernes, Biden mantuvo una conversación con el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, en la que le manifestó su “apoyo inquebrantable a la soberanía e integridad territorial de Ucrania frente a la agresión en curso de Rusia”, según una nota de la Casa Blanca.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ha asegurado a Ucrania que seguirá apoyando la soberanía y la integridad territorial del país y que vigilará la situación muy de cerca. El representante de Asuntos Exteriores de la Unión Europea (UE), Josep Borrell, también se lo aseguró al Gobierno de Kiev. Alemania y Francia, que intentan encontrar una solución al conflicto ucraniano en el llamado «Cuarteto de Normandía», expresaron sentimientos similares.

Pero en las redes sociales circulan informes sobre el redespliegue de unidades rusas en las regiones de Briansk, Voronezh y Rostov, así como en la anexionada Crimea. En este contexto, Dimitri Peskov, portavoz del presidente ruso, dijo que Rusia era libre de desplegar sus tropas en su propio territorio. «Rusia no amenaza a nadie y nunca ha amenazado a nadie», dijo.

Biden conoce bien Ucrania de su época como vicepresidente de la Administración de Barack Obama, cuando tuvo un papel de liderazgo en la respuesta internacional a la anexión rusa y en la coordinación de la lucha contra la corrupción, que devoraba el país. Y Ucrania fue el desencadenante del primer impeachment a Donald Trump, después de que en una conversación con Zelenski condicionase la ayuda a Kiev a que el líder ucranio abriese investigación sobre los negocios del hijo de Biden en el país del este y el papel del demócrata, que entonces era su principal rival.

Los despliegues militares rusos, que varios medios de investigación y canales en las redes sociales han documentado en los últimos días, parecen estar fuera del ciclo de los ejercicios previstos y no son “rotaciones regulares de tropas”, escribe además Kofman. Eso hace pensar a otros funcionarios y expertos que aún es demasiado pronto para descartar que estos movimientos sean el preludio de algo más. Un argumento alimentado por comentarios como el de la directora del canal financiado por el Kremlin RT, Margarita Simonian, que ha remarcado que los rusos que viven en la región del Donbás “deben vivir en Rusia”. Desde 2019, cuando aprobó una nueva ley para agilizarlo, Rusia ha entregado más de 420.000 pasaportes a ciudadanos de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk, según datos del boletín parlamentario ruso.

El observador militar ruso Alexander Goltz cree que las acciones de Rusia son demostrativas. «Rusia necesita un nuevo medio de coacción contra Occidente», dice Goltz en entrevista con DW, y eso es ahora la amenaza de guerra contra Ucrania.

Antes de la detención de Alexei Navalni, explica, se amenazó con aumentar la presión sobre la oposición rusa en respuesta a las sanciones occidentales. «Hay mucho en juego, el presidente ruso Vladimir Putin continuará con esta política de chantaje y presión, aunque en principio no esté dispuesto a las hostilidades», afirma el experto.
Sin embargo, podría haber enfrentamientos. Aun así, Goltz no espera ninguna acción militar en el Donbás hasta mediados de mayo: «Mientras la estepa no esté seca, no se puede comenzar ninguna ofensiva. Uno se quedaría atascado, como ya ha ocurrido muchas veces».

El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania, Ruslán Jomchak, dijo recientemente que ya había 28 grupos de batallones tácticos de Rusia en la frontera estatal ucraniana, y en zonas no controladas por Kiev en el Donbás y Crimea.

Según Jomchak, refiriéndose a la inteligencia ucraniana, Rusia quiere enviar otros 25 grupos de batallones tácticos hacia Ucrania con el pretexto de los preparativos para las maniobras «Oeste 2021» con Bielorrusia.

De este modo, Rusia quiere obligar al Gobierno de Kiev a hacer concesiones en las negociaciones sobre el Donbás, escribe Volodimir Fesenko, del Centro Ucraniano de Estudios Políticos Aplicados, Penta. El politólogo supone que Rusia también quiere lograr una nueva ronda en las negociaciones con Occidente. El Gobierno de Moscú está preocupado por las sanciones occidentales, incluidas las impuestas a Nord Stream 2.

Pero Fesenko tampoco descarta un conflicto militar, señalando que Crimea es ahora una enorme base militar. Además, las maniobras realizadas en Bielorrusia en los últimos años amenazarían no solo a Ucrania, sino también a los países bálticos, a Polonia y a todo el flanco oriental de la Unión Europea, señala el experto.

Por su parte, Mijailo Samus, del «Centro para el Ejército, la Conversión y el Desarme» de Kiev, está convencido de que «Rusia lleva tiempo preparando una invasión»; entre 2014 y 2018 los militares rusos ya habían concentrado equipos y unidades en la frontera con Ucrania, puntualiza.

«De hecho, Rusia ha formado tres nuevos ejércitos alrededor de Ucrania», dijo el experto. Seis submarinos con misiles de «calibre» capaces de transportar ojivas nucleares han sido transferidos a Crimea, dijo. Pero Samus no cree que Putin se atreva a escalar abiertamente, prefiriendo las provocaciones por medio de terceras fuerzas híbridas, es decir, por medio de aliados, y a nivel cibernético y propagandístico.

Fuente: Dw y El País Internacional.