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La libra esterlina ha seguido moviéndose al compás de las noticias sobre la pandemia de covid-19 y el Brexit. Este lunes la divisa británica caía de nuevo ante el temor a una segunda oleada de contagios y el miedo renovado a un Brexit salvaje que lastre la recuperación del Reino Unido. La reunión de este lunes era al más alto nivel. A un lado del objetivo estaban la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; el del jefe del Consejo, Charles Michel, y el presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli. Al otro lado, el primer ministro británico, Boris Johnson, quien el pasado viernes ya trasladó a Bruselas de forma oficial que no pensaba pedir una prórroga del periodo de transición.

La cumbre, celebrada por videoconferencia, no anticipaba avances. Tal vez por ello desde Bruselas se quiso rebajar su perfil, rindiendo cuentas solo con un escueto comunicado de las tres instituciones comunitarias pactado con Londres. En esa nota, la Unión Europea tomó nota de la decisión ya dada por definitiva de no pedir una prórroga y ambas partes expresaban su intención de dar un empujón a las negociaciones.

Johnson ha explicado los objetivos que persigue en este nuevo impulso negociador, y sus principales líneas: “No podemos seguir subordinados en este país a las decisiones del Tribunal de Justicia Europeo; no podemos seguir en un sistema en el que debemos continuar obedeciendo las leyes de la UE aunque ya estemos fuera; y hemos de conseguir un gran acuerdo para nuestro sector pesquero”.

Un reducido grupo de diputados británicos, que abarca desde el laborismo al nacionalismo escocés, ha impulsado una propuesta de ley para exigir una prórroga del periodo de transición que, según las últimas encuestas, tendría el respaldo de la mayoría de los británicos, preocupado por el agravamiento de la recesión económica actual. Sin embargo, las posibilidades de que el texto salga adelante son muy escasas, dada la mayoría arrolladora de que dispone Johnson en Westminster

Los resultados de las cuatro rondas celebradas hasta ahora no son alentadores. El negociador de la UE, Michel Barnier, ya no solo acusa al Reino Unido de obstaculizar cualquier avance. Ahora también le afea haber dado marcha atrás en varios planteamientos recogidos en la declaración política que acompañaba el Acuerdo de Retirada. Londres lo niega, pero se resiste a cualquier compromiso que pueda mantenerla en la órbita regulatoria comunitaria. Todo eso se traduce, de momento, en la falta de avances significativos en las carpetas más importantes para los Veintisiete: pesca, competencia, cooperación policial y judicial y la futura gobernanza del acuerdo que se alcance, incluyendo la posibilidad de seguir bajo cualquier tipo de jurisdicción del Tribunal de Justicia de la UE.

A pesar de que el comunicado rezumaba cierto optimismo, los líderes comunitarios han insistido en que no aceptarían un pacto a cualquier precio. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha apostado por un “amplio y ambicioso”. Sin embargo, Bruselas sigue temiendo que el Reino Unido pueda convertirse en un fiero competidor adoptando leyes fiscales, medioambientales o laborales más agresivas. Por ello, el presidente del Consejo insistió en la necesidad de pactar un terreno de juego nivelado que permita desarrollar una actividad económica en igualdad de condiciones.

«El Parlamento Europeo quiere un acuerdo ambicioso e integral, en línea con los compromisos conjuntos que hicimos en enero. Pacta sunt servanda”, ha advertido el presidente de la Euro Cámara, David Sassoli.

Para julio y agosto han ideado un nuevo formato, mucho más reducido y, si es posible, presencial. Según fuentes comunitarias, para entonces ya se deberían empezar a cerrar cuestiones como el capítulo pesquero o un marco para evitar la competencia desleal cuando el Reino Unido esté fuera de la UE.

Fuente: El País Internacional