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Raúl Rojas vive a casi 10.000 kilómetros, pero sigue cada paso de la pandemia por México. Radicado en Alemania desde hace varias décadas, el matemático de la Universidad Libre de Berlín está al tanto de los contagios, las muertes, las vacunas y las conferencias diarias del Gobierno sobre el avance del virus. Sus críticas son duras. Tras analizar los últimos datos de exceso de mortalidad en el país, actualizados hasta finales de febrero, Rojas afirma que para saber el número real de decesos por covid hay que multiplicar por 2,5 las cifras oficiales. “Extrapolando las cifras de exceso de muertes hasta abril deben ser ya medio millón de personas que han fallecido por covid, por lo menos”, lamenta el académico y remata: “La gestión de la pandemia en México ha sido un fracaso fenomenal”.

El exceso de muertes ha sido uno de los puntos más polémicos en las discusiones académicas y en los medios sobre el impacto real de la pandemia. Pero los términos y los números citados a menudo son confusos, incluso para los expertos. En entrevista por videoconferencia, Rojas, distinguido como el mejor profesor universitario de Alemania en 2014, desgrana algunos de estos conceptos y explica sus cuestionamientos al Gobierno mexicano y cuáles son las implicaciones para los ciudadanos.

A finales de marzo pasado, el Gobierno mexicano admitió que el número real de muertos por la pandemia rondaba los 321.000. La información se basa en el llamado exceso de mortalidad, un cálculo de las propias autoridades. Cada país tiene un número de fallecimientos esperados al año. En México, con una población que ronda los 128 millones y una edad promedio de 29 años, se espera normalmente que mueran alrededor de 730.000 personas cada año, explica Rojas. En Alemania, que tiene 83 millones de habitantes y una edad promedio de 35 años, la expectativa es que fallezcan unas 950.000 personas cada año porque su población es más vieja, agrega el matemático. El exceso de muertes son todos esos decesos que no estaban contemplados. Entre abril de 2020 y febrero de 2021, Rojas encontró en los datos que presentó el Gobierno en marzo que fueron 444.000 mexicanos los que murieron, un número muy diferente a los 201.000 que se reconocían por la pandemia.

“La mejor forma de medir el efecto de la pandemia es ver no solo los datos que se reportan de muertes por covid, sino el exceso de muertes porque en México hay un subregistro”, señala. Ese subregistro se debe a que no todas las personas mueren tras tener un diagnóstico confirmado de covid y por lo tanto, no entran en las estadísticas. Lo que hizo Rojas fue dividir esos 444.000 fallecidos entre los más de 600.000 que se esperaban y encontró que representaban un 70%. “Ese número indica mucho mejor cuál es el peso de los decesos por covid en un país con respecto a los que habría que esperar normalmente y, además, cuál es el efecto psicológico sobre la población”, comenta.

A partir de aquí hay diferentes puntos de vista. El Gobierno asegura que no todas esas 444.000 personas murieron de covid, sino que solo fueron 321.000 y que el resto se explica por otros padecimientos. “No es factible”, responde Rojas, “no les creo”. El matemático señala que la única diferencia entre 2019 y 2020 fue la epidemia de covid-19. “Si hubiera habido dos epidemias, la cosa sería diferente”, argumenta, “pero el Gobierno siempre ha tratado de bajar esas cantidades”. Para llegar a la cifra que dan las autoridades, dice el académico, se tendrían que haber revisado una por una más de un millón de actas de defunción. “Ese número está cuchareado [retocado]”, afirma.

“Lo que hace el Gobierno es medio esquizofrénico”, apunta Rojas, cuestionando que en el país las autoridades ofrezcan dos cifras distintas de fallecimientos. “Se ha mantenido esa ficción en la que por un lado están los datos oficiales y por otro, los verdaderos”, critica. “Es claramente una ficción política y que ni siquiera les conviene”, comenta el académico. “Si la epidemia no es culpa del Gobierno, ¿para qué ocultar el número de muertos o, cuando menos, oscurecerlo?”, cuestiona.

En su opinión, hay una diferencia fundamental. Cuando la Organización Mundial de la Salud pregunta al Gobierno cuántas personas han muerto se citan las cifras oficiales y subestimadas, lo mismo cuando se publican las tablas de la Universidad Johns Hopkins, una referencia en el rastreo de la pandemia. Los datos de exceso de mortalidad rara vez se toman en cuenta fuera del país. “Son para consumo interno”, indica.

Para ver cuánto difieren los datos oficiales y los de exceso de mortalidad, Rojas tomó los datos de países con más de 10 millones de habitantes e hizo los cálculos para compararlos. Ese 70% que obtuvo Rojas sobre México es significativamente mayor a los que tuvo España o Italia, dos de los países más cuestionados en Europa por su manejo del virus, que rondan el 20%. “Los países asiáticos salieron muy bien, los europeos más o menos, pero los peores han sido los países latinoamericanos”, dice sobre los resultados, “si comparamos el número de muertos por covid contra los muertos anuales esperados, el porcentaje que tiene México es el segundo peor del mundo”.

Rojas achaca los resultados a un cóctel de razones. El país tiene más de un 50% de trabajadores en la informalidad, que tienen que salir a las calles y están expuestos al virus. Pero el académico pone en la mira también los mensajes que se mandaron. “Se le dijo a la gente que las mascarillas no sirven, una verdadera estupidez o que siguieran saliendo a la calle y se tomaron medidas muy tarde”, lamenta, “esa situación de desigualdad, combinada con la mala gestión de la pandemia, fue el caldo de cultivo de lo que sucedió”.

“Creo que pasó con todos los Gobiernos populistas: privilegiaron la producción económica y sus proyectos políticos por encima de la salud de la población”, ahonda Rojas. “Este es el cordón umbilical que une a Trump, a López Obrador y a Bolsonaro; son Gobiernos de derecha, supuestamente de izquierda y de todo el espectro político, pero lo que los une realmente es el populismo”, agrega.

— Las proyecciones epidémicas al inicio de la crisis sanitaria difieren mucho de lo que acabó sucediendo. ¿Qué falló?

— Falló todo (…) Cuando empezó, el Gobierno creyó que iba a ser como la epidemia de 2009. Esa vez se hizo una gran alharaca y pensaban que iba a ser una gran epidemia y después resultó no ser tan grave.

“Cuando poco a poco se dieron cuenta de que no iba a ser así, primero le preguntaron a los matemáticos qué esperaban que iba a pasar”, recuerda Rojas. “El modelo que le gustó más a López Gatell era el más optimista”. El académico refiere que las proyecciones del modelo AMMA, desarrollado por investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, pronosticaban en abril que el pico sería el 8 de mayo, que el fin de la pandemia llegaría en junio y que el número total de muertos rondaría los 6.000, aunque después Hugo López-Gatell, el portavoz para la pandemia, habló de un “escenario catastrófico” de 60.000 fallecidos.

Rojas ya era crítico desde entonces y publicó un artículo en El Universal cuestionando las previsiones en mayo del año pasado. “A un año de distancia los pronósticos del Gobierno resultaron completamente ilusorios”, afirma. “Ningún país en el mundo estaba pronosticando que se iba a acabar la epidemia en 2020”, asegura. “En México hay un fetichismo por los modelos. Se cree que los matemáticos tienen una bolita de cristal en la que echan los datos para ver qué va a pasar”, comenta. “El problema es que cuando uno basa la política del Gobierno en esa bolita de cristal, sucede lo que sucedió”.

El especialista refiere que es muy difícil “meter en ecuaciones” el comportamiento social de la gente o si las vacunas, además de llegar en los plazos acordados, son aceptadas por la mayoría de la población. “Más o menos el 60% de la población a la que le toca la vacuna está yendo a que se la apliquen, ¿qué está pasando con el otro 40%? ¿Qué piensan, qué creen para no tomarla?”, se pregunta. “Hacer el cálculo es relativamente fácil”, explica, “pero la vacunación no es un problema matemático, sino económico y social”.

Una de las pocas coincidencias entre Rojas y el Gobierno son las proyecciones del número de contagiados, incluyendo asintomáticos. La Encuesta Nacional de Salud señala a partir de una muestra de sangre que alrededor del 25% de la población ya se había contagiado en noviembre. Esa cifra de inmunidad ya rondaba el 50% a mediados de marzo, según López Gatell. “Eso quiere decir que alrededor de 60 millones de mexicanos muy probablemente ya tuvieron covid”, señala. “López Gatell es como Doctor Jekyll y Mr. Hyde, tiene momentos de lucidez en los que dice la verdad y luego otros en los que sigue con su número”, ironiza.

La hipótesis del académico es que esos datos de inmunidad pueden estar detrás de que la tercera ola de contagios no haya llegado aún después de la Semana Santa. Pero llama a no confiarse ante los riesgos de repunte que suponen las nuevas variantes. “Los datos oficiales nos dan una falsa seguridad”, insiste, “estaría muy cauto en los próximos meses”.

Fuente: El País