Compartir en:

 

Los principales partidos de la oposición en Paraguay coincidieron este sábado (06.03.2021) en que la salida a la crisis política del país -tras los violentos incidentes del 5 de marzo en Asunción- pasan por el abandono del poder del presidente del país, Mario Abdo Benítez, y del vicepresidente, Hugo Velázquez, y por la convocatoria de nuevas elecciones.

“Todas las nuevas autoridades y en particular las del Ministerio de Salud asumirán con instrucción precisa de hacer renovación y cambios”, dijo el presidente Mario Abdo Benítez, en un vídeo grabado y emitido por la televisión pública.

Abdo Benítez anunció que cambiará también algunos de los funcionarios menos populares, el ministro de Educación, Eduardo Petta, la ministra de la Mujer, Nilda Romero y a su jefe de Gabinete civil, Juan Ernesto Villamayor, todos protagonistas de numerosas denuncias de irregularidades en el último año, así como de memes y parodias virales. “El mandato de Salud será poner todos los esfuerzos posibles para garantiza el aprovisionamiento de medicamentos”, agregó el presidente. Entre tanto, las dos fuerzas políticas de la oposición, el Partido Liberal y el Frente Guasu, han anunciado propuestas de juicio político y en la calle, unas 5.000 personas volvieron a concentrarse en la Plaza de Armas del centro de Asunción reclamando la dimisión del presidente.

Aseguró además que la libertad de expresión está garantizada en el país, pero no hizo autocrítica de la actuación policial contra la ciudadanía.

A dos horas del inicio de la protesta del viernes, los manifestantes, en total unos 10.000, fueron expulsados con gases lacrimógenos y balas de goma por la policía antidisturbios, lo que derivó en una batalla campal en pleno centro de la capital paraguaya. Una decena de enmascarados lanzó piedras a los agentes en las inmediaciones del Congreso y estos respondieron. Una mujer con su bebé fue rociada con gas lacrimógeno cuando iba a entrar a su casa y hay al menos una decena de civiles y cuatro policías heridos. Los enfrentamientos concluyeron con una escena insólita: los antidisturbios levantando banderas blancas en son de paz, tras quedarse sin munición.

El arzobispo de Asunción, Edmundo Valenzuela, pidió a los bandos que cesasen las hostilidades. “Un llamado a toda la población que está en este momento convulsionada por la violencia. Un llamado a que los medios de comunicación llamen a la paz”, dijo Valenzuela al canal Telefuturo. El ministro de Interior, Arnaldo Giuzzio, justificó ante la prensa la actuación policial y aseguró que “la Policía reaccionó e intentó evitar que se extienda [la protesta], que a esta altura ya está contenida en algunos puntos”, sostuvo.

Paraguay, uno de los países que mejor combatió la pandemia de la covid-19 en el primer semestre del 2020, tiene a su sistema sanitario en crisis. Los muertos por el virus suman 3.278 y hay más de 165.000 contagiados, pero solo han llegado hasta el momento 4.000 vacunas, sin que esté claro cuándo llegarán más.

Las críticas al Gobierno conservador del presidente Mario Abdo Benítez, hijo del secretario privado del dictador Alfredo Stroessner (1954-1989), crecen a medida que se acaban los medicamentos en un sistema de Salud precario, considerado por el Banco Mundial insuficiente y desigual. Las clases altas paraguayas son atendidas en centros privados con precios de Estados Unidos, mientras el resto de la población acude a los centros públicos, donde, pese al esfuerzo de los funcionarios, la falta de recursos e infraestructura convierte la atención en muy deficiente.

Desde el miércoles, los médicos y enfermeros, los pacientes y sus familiares protestaron en las calles de Asunción por la falta de medicamentos. Los trabajadores del principal centro en la lucha contra la covid-19 marcharon frente a la sede, forzando a renunciar a su director.

Los médicos denunciaban que no hay medicamentos ni para quimioterapias, ni sedantes para los intubados en terapia intensiva y mucho menos vacunas contra el coronavirus. Paraguay recibió 4.000 dosis y sigue esperando un millón más procedente de Rusia y otros 4,3 millones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Fuente: El País Internacional/ DW.