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En las últimas semanas, el COVID-19 ha acaparado los principales portales de noticias del mundo, y pareciera que la comunidad internacional debe luchar contra una amenaza común poniéndola a prueba.

La amenaza existe, es una realidad, pero la pregunta que debemos hacernos tratando de internacionalizar el fenómeno es si en verdad nos enfrentamos a una amenaza como comunidad o como países.

Por un lado, el gobierno chino se caracterizó por su rápido accionar. Estaciones de metro cerradas, supermercados de emergencia y mascarilla de protección obligatoria. La cuarentena impuesta a los habitantes de Wuhan por el coronavirus aisló a esta metrópolis china del resto del mundo, sin exagerar.
De hecho, en Planeta Político publicamos hace poco más de una semana una noticia sobre la disminución en los niveles de contaminación en el aire de este importante centro industrial.

Altamente contagioso, el virus se propagó rápidamente alcanzando el pico de casos diarios el 12 de febrero con más de 15 mil. Este miércoles, el número de casos diarios se redujo por primera vez a un sólo dígito.
Múltiples especialistas en enfermedades respiratorias han coincido que si todos los países adoptaran las mismas medidas de China, la pandemia podría estar controlada llegado el mes de Junio.
Sin embargo, no hubo y continúa sin haber una estrategia global de cómo hacer frente al COVID-19. Los países actúan por su cuenta y ni siquiera existe consenso sobre el nivel de gravedad que reviste o el nivel de precauciones que amerita, lo que dificulta aún más la tarea y evidencia las debilidades del sistema.

Mientras el Mercosur minimizaba el riesgo de expansión del coronavirus en Sudamérica, los ministros de salud reunidos en Asunción aseguraban que el bloque estaba preparado para hacer frente a esta amenaza, basándose en la distancia con los principales focos y las diferencias climáticas existentes.
Hoy todos los miembros del bloque confirmaron casos y ya hay muertos.
La solución, al final, parece ser la misma para todos aunque no haya sido justamente por consenso: declarar la emergencia sanitaria, cerrar parcialmente fronteras y sálvese quien pueda.
Pero ojo, no somos los únicos.

La OMS confirmó la pandemia el miércoles 11 de Marzo. El foco de la misma ya no se encuentra en China, sino en Europa, siendo Italia el más afectado, con 17.750 casos confirmados y 1.441 muertos a la fecha. Lo interesante es que el proceso de integración más exitoso -la Unión Europea- tampoco ha adoptado medidas conjuntas. Polonia, Dinamarca, Eslovaquia y República Checa son algunos de los países que comunicaron el cierre de sus fronteras, incluso para los miembros de la UE.
“La respuesta más efectiva es una coordinada. Las prohibiciones generales de viajes no son la mejor forma de contener el virus. Todas las medidas deben ser proporcionales» declaró la semana pasada Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, en un intento desesperado por evitar lo que ahora está sucediendo y que puso en jaque la zona Schengen, el espacio de libre flujo de personas y mercaderías de la unión.

Luego también entraría en escena el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien en una clara maniobra política comunicó la suspensión de todos los vuelos entre EEUU y Europa por un plazo inicial de 30 días, excluyendo al Reino Unido.
Cabe destacar que Trump se refirió a la pandemia como un “virus extranjero”, haciendo uso de su arma política preferida: el nacionalismo.

La pregunta que les planteo entonces es la siguiente: ¿Es el COVID-19 una amenaza a la comunidad internacional y la enfrentaremos como tal o primará el sálvese quien pueda?

Erik Rodriguez. 14/03/2020