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El ex canciller uruguayo y ex presidente del BID, el Cr. Enrique Iglesias, suele mencionar en sus conferencias que «no estamos ante un cambio de época, sino ante una época de cambios». Pues bien, nos permitimos discrepar con el contador. Tal vez, de tantos cambios que hay, estemos en una etapa de transición que nos lleve, inevitablemente, a una nueva época. Seguramente, suene muy aventurado, pero puede que los sucesos de los últimos meses sean el prólogo de algo más grande. Uno donde se muestre la génesis de un debate que, posiblemente, interpele a la comunidad internacional como hace años no sucedía. Un debate que recuerde al bipolarismo acontecido en la segunda mitad del Siglo XX, cuando el modelo capitalista y comunista dividieron al mundo. Hoy, el debate ideológico va por el lado de las libertades individuales y la seguridad colectiva. ¿Hasta qué punto una es más importante que la otra? A continuación, iremos comentando más sobre el tema.

El historiador y pensador israelí Yuval Noah Harari[1], ha realizado una serie de entrevistas sobre el «día después» de la pandemia. Lo que más destaca, entre otras cosas, es que muchas de las decisiones que hoy los gobiernos del mundo tomen respecto a la pandemia, son pasibles de acompañarnos por años. Y esto, eventualmente, dispondrá un escenario donde la democracia será puesta a prueba. Pensemos de esta manera: en un contexto de emergencia nacional, los gobiernos, al ver que la situación se agrava, recurrirán a medidas extraordinarias para palear la crisis. Dichas medidas, en función del contexto, pueden que no recorran los carriles formales para ponerse en marcha, dada la emergencia existente. Hasta este punto, suena razonable. La cuestión cambia cuando, con la excusa de peligro inminente (dado que, nada impide que vengan otra pandemias a futuro), se perpetúen estas medidas, al punto de tornarse «normales» para la sociedad. Es aquí donde el peligro descansa. En pasar de un mundo donde la libertad individual sea dejada de lado en pos de la seguridad del colectivo.

El valor de la libertad es piedra fundamental en las sociedades occidentales. Ir contra esta, supone ir contra la base misma del pensamiento de Occidente (que pondera, entre otras cosas, la democracia representativa). Es decir, significa proponer otro tipo de sociedad. Una sociedad donde el control del individuo sea la regla para evitar desbordes. Una sociedad donde sea visto con buenos ojos recortar algo del la libertad del individuo, en favor de vivir en una comunidad más segura. En definitiva, un modelo de sociedad que, actualmente, se parece mucho a la moldeada por China.

Con esto en mente, ¿qué ha hecho China para contener la cantidad de infectados por coronavirus? Una de las primeras cosas que pidió la OMS fue el distanciamiento social y realizar la mayor cantidad de tests posibles a la población. Gracias a las TICs, en varios países (entre ellos, Uruguay) se han desarrollados aplicaciones para smartphones, donde los usuarios pueden acceder a información sobre la situación de la crisis en su país, y cómo proceder en caso de presentar síntomas. En el caso de China, esto no quedó solo en las aplicaciones. A la creación de una propia (requiere que el usuario aporte su nombre, identificación y número de teléfono), que le permita al gobierno chino saber qué personas son potenciales portadores de Covid-19, se le agrega un sofisticado sistema de video vigilancia (común en varias ciudades chinas). El mismo incluye un software de identificación facial que identifica quiénes usan tapabocas; además de ser capaz de medir la temperatura corporal de las personas e identificar posibles infectados. A su vez, recientemente, la policía de la ciudad de Chengdu (provincia de Sichuan) ha sido equipada con cascos inteligentes capaces de medir la temperatura corporal de las personas, en un radio de 5 metros[2]. De esta manera, el gobierno encabezado por Xi Jinping, gracias a este gigantesco sistema de vigilancia, se asegura controlar en tiempo real las acciones de todas y cada una de sus ciudadanos (dónde están, si cumplen las recomendaciones estatales, incluso identificar si está enferma antes de que la propia persona sepa). De esta manera, China tiene bien censado los potenciales brotes de la enfermedad y le da tiempo para tomar medidas que ayuden a evitar su propagación. Por otra parte, estas acciones van contra las recomendaciones de organismos internacionales de derechos humanos; particularmente por suponer una gran invasión a la privacidad individual[3]. Una situación que recuerda a 1984, la novela de ciencia ficción distópica del escritor inglés George Orwell.

A esto, debemos sumarle la polémica de las últimas semanas sobre los mensajes revelados por Taiwán, en los cuales alertaba a la OMS del peligro del Covid-19 a fines de diciembre de 2019. Esto sumado al anuncio del cese de financiamiento a dicha organización decidido por el presidente Trump, acusándola de actuar en favor de los intereses de China[4] (llegando a calificarla de «chinocéntrica»[5]). Junto con esto último, están las declaraciones de los gobiernos de Francia, Australia y el Reino Unido, en el sentido de que China deberá dar explicaciones sobre las denuncias de ocultamiento de información de cuando se dieron los primeros casos. Luego de una cumbre virtual del G-7, el presidente estadounidense acusó al gobierno chino de mentir sobre el origen del virus y las cifras reales de fallecidos en su territorio. Ante estas declaraciones, la embajada de China en Londres publicó una declaración sobre una llamada del ministro de relaciones exteriores chino a su par británico, expresando el malestar del gigante asiático de que «algunas personas están tratando de politizar la epidemia y estigmatizar a China[6]«. Por su parte, y como recién se expuso, la potencia oriental ha rechazado enérgicamente toda acusación de Washington orientada a poner en duda su credibilidad. En este sentido, destacamos cuando la embajada china en Montevideo realizó una declaración contra una editorial de el diario El País, por considerar que discriminaba y estigmatizaba a la nación china[7].

Como se aprecia, la pandemia hace que los Estados deban moverse rápida e inteligentemente para reducir los estragos que ya está causando. Al ser esta un desafío sin precedente en los últimos 100 años, no hay recetas predeterminadas para seguir. Todo es dinámico; cuestión del día a día. Por lo pronto, a la hora de poner en práctica las medidas para reducir lo más posible el número de contagios, vemos que el accionar que los distintos Gobiernos han venido llevando adelante tendrán un impacto preponderante en  el mundo que viene. Un impacto, donde un mayor o menor control social puede derivar en regímenes más o menos «invasivos» de la privacidad individual, en nombre del bien general. Asimismo, dependerá de qué tan «invasivas» serán y, más importante aún, si cesarán, evolucionarán o permanecerán una vez encontrada una vacuna.

En síntesis, notamos que empiezan a vislumbrase dos modelos (o dos bloques) de cara al mundo post-pandemia. Por un lado, un modelo donde el Estado sea un «gran hermano» que todo lo vea y todo lo sepa; pero que también le permite tener una mirada más global y precisa a la hora de afrontar situaciones como la actual. Por otro lado, un modelo donde el Estado respeta la privacidad de su población, en favor de una mayor libertad individual; exhortándola a usarla responsablemente y cooperar en situaciones de crisis. Como se aprecia, estos modelos excluyentes están fuertemente identificados con dos ejemplos de la realidad: China (y su régimen de partido único, donde su autoridad es incuestionable para toda la población) y EEUU y el Mundo Occidental (y sus democracias liberales, basadas en la representación y el estado de derecho). La pandemia pasará, pero el mundo deberá estar preparado para dar esta discusión que, muy probablemente, marcará el devenir del sistema internacional de los años venideros.


[1] https://www.xlsemanal.com/personajes/20200412/yuval-noah-harari-despues-coronavirus-mundo-crisis-historia.html

[2] https://www.bbc.com/mundo/noticias-51736635

[3] Destacamos el caso de Corea del Sur. En este país, cuyo régimen de gobierno es una democracia presidencialista, ha habido polémica respecto al uso de una aplicación celular que identificaba los barrios y casas con infectados de Covid-19. Hay quienes advertían que esta información era violatoria de la privacidad individual.

[4] Tampoco debemos olvidar la disputa comercial entre ambas potencias de los últimos años, donde estaba en juego la pugna por el liderazgo mundial.

[5] https://elpais.com/sociedad/2020-04-15/trump-acusa-a-la-oms-de-encubrir-la-expansion-del-coronavirus-y-anuncia-la-congelacion-de-los-fondos.html

[6] https://www.abc.es/internacional/abci-londres-alinea-estados-unidos-y-francia-y-pide-explicaciones-china-sobre-pandemia-202004171235_noticia.html#vca=amp-rrss-inducido&vmc=abc-es&vso=wh&vli=noticia.video

[7] https://www.elpais.com.uy/mundo/declaracion-embajada-china-uruguay.html