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El pasado 13 de marzo, el presidente uruguayo Luis Lacalle Pou, acompañado del Consejo de Ministros, anunció en una conferencia de prensa, a través de televisión nacional, los primeros cuatro casos de Covid-19 en el país suramericano.

En el medio de una crisis sanitaria y económica global, Uruguay ha sabido mantener en lo alto sus valores humanistas, resaltando de nuevo, y de la mejor manera posible, en el plano internacional.

Hoy, meses después del primer brote de la enfermedad en China, y a algunas semanas de que cubriera Latinoamérica, la Cancillería Uruguaya trabaja sin descanso para brindar la oportunidad a centenares de extranjeros de volver a sus respectivos países. De igual forma, ha hecho un impresionante trabajo repatriando a los ciudadanos y residentes uruguayos que se encontraban fuera del territorio del país.

A partir de la fecha ya mencionada, el nuevo gobierno uruguayo, que asumió hace casi un mes, comenzó a tomar medidas, no sólo en el plano de la salud, sino también en el económico, laboral, social e internacional.

El 18 de marzo, Ernesto Talvi, Ministro de Relaciones Exteriores del Uruguay, en conjunto a la Vicecanciller Carolina Ache, dieron una nueva conferencia en la que comentaron sobre la situación de los uruguayos en el exterior y en donde prometieron buscar soluciones y plantear nuevas medidas que facilitaran la vuelta a casa. Ese mismo día, se anunció el plan de repatriar a ciudadanos y residentes que se encontraban varados en Perú. Dicho evento fue logrado al fin la madrugada del 21 de marzo.

Desde ese día, la Operación Todos A Casa, no ha parado. En el momento en el que escribo estas líneas, un par de aviones vuelan llevando ciudadanos de otros países a su hogar, a través de un Corredor Humanitario, y trayendo de vuelta a los nuestros.

La Operación, llevada a cabo a través de varios corredores humanitarios, ha devuelto a sus países a ciudadanos provenientes de Alemania, Argentina, Australia, Bélgica, Bielorrusia, Brasil, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Eslovaquia, Filipinas, Nueva Zelanda, Países Bajos, Reino Unido, Suiza, Austria, España, Kuwait, Rusia, Singapur, Grecia, Francia, Israel, Japón, Noruega, entre otros. Algunos vacacionaban en Uruguay, mientras que otros se encontraban en buques y cruceros a los que no habían dejado desembarcar en otros puertos. Un caso interesante, es el de los españoles que se encontraban en la Antártida y que lograron volver a su país gracias a la apertura de uno de los corredores humanitarios de Cancillería.

Todos A Casa, también ha traído de vuelta a ciudadanos y residentes del Uruguay que se encontraban varados en Alemania, Francia, Bélgica, Polonia, Austria, Suiza, Australia, Chile, Brasil, España, Italia, Portugal, Estados Unidos, Ecuador, Perú, Costa Rica, México, República Dominicana y varios países del sudeste Asiático; que han sido recibidos en el aeropuerto de Carrasco, por personal de Cancillería, y en algunos casos por el mismo por el Canciller, Talvi, y el Ministro de Defensa Nacional, Javier García.

Puede resultar algo sorprendente leer un artículo sobre este tema… ¿No deberían todos los países tener un sistema parecido a este? ¿Uno que permita llevar a los extranjeros a sus países? ¿Que permita devolver a los nuestros a casa?

Las respuesta podría llegar a parecer obvia, si dejamos que la sensibilidad nos invada. Pero la realidad es que el Coronavirus ha llegado como un terremoto a golpear las bases, que se han probado inestables, de la Comunidad Internacional. Una Comunidad que, tristemente, no reaccionó a tiempo para prevenir el crecimiento exponencial de la pandemia.

Por un lado, vimos a una gran cantidad de países subestimar la fuerza con la que la enfermedad golpearía sus sistemas sanitarios y cuando fueron víctimas de ella, los demás se tardaron en tomar cartas en el asunto. La Unión Europea es un ejemplo de ello. El organismo supranacional, que ha sido alabado por tantas cosas, actúo demasiado tarde sobre los focos en los que se expandía el virus, y los miembros decidieron actuar cada uno por su cuenta hasta que fue demasiado tarde.

Hace unos días, uno de nuestros compañeros publicaba este artículo en el que hablaba sobre las pruebas a las que se enfrentaba el Sistema Internacional, y sobre la puja que observamos sobre el “sálvese quién pueda” y la cooperación.

Es grato decir, que el Uruguay, su gobierno y su Ministerio de Relaciones Exteriores, han decido mantener sus principios y valores intactos. A pesar de la crisis que vive el país, como consecuencia de la misma inestabilidad global, ha optado por la visión humanista de las relaciones internacionales y ha sabido dar lugar a cada individuo en el medio de una situación en la que a veces pasa desapercibido por las masas desesperadas.

Por un minuto imagina que estás en un barco, unas vacaciones para las que quizás ahorraste toda la vida, y de pronto las fronteras se cierran y eres obligado a quedarte en un país desconocido, con recursos limitados y quizás obligado a tomar la cuarentena. Imagina que debes volver a casa con tus padres, o quizás con tus hijos. Tal vez sólo estabas de viaje por trabajo en el momento menos apropiado. Mientras los gobiernos se hacen cargo de asuntos más importantes, como el posible colapso de un sistema de salud o el declive constante de la economía, una persona varada en otro país parece muy poco. Pero la realidad es que el Estado ha de tener la responsabilidad de proteger a sus nacionales donde quiera que estos se encuentren, y tiene también el deber moral de brindar cooperación a otros Estados para que sus nacionales puedan regresar a su tierra.

Basta sólo con ingresar a las redes sociales de la Cancillería Uruguaya para observar el gran trabajo que se han dispuesto hacer. Los que hemos seguido la noticia, ya conocemos bien los nombres “Brasilia” y “Hércules”. No la capital brasileña, ni el héroe mitológico, nos referimos a los dos aviones de la fuerza armada uruguaya que ya han recorrido el mundo llevando extranjeros varados en el Uruguay a sus países, y trayendo de ellos a uruguayos varados en el exterior. Los vídeos son emocionantes.

Una vez leí que las crisis, así como problemas, nos traen oportunidades. Y quiero pensar, que el Uruguay, hoy, ha tomado la oportunidad de ser un Estado solidario. Un Estado que no actúa esperando las gracias de otros, aunque ya las ha recibido (de Israel, Estado Unidos, Reino Unido y Canadá), sino que lo hace porque sustenta y mantiene el deber moral que ha heredado desde sus primeras actuaciones en la Comunidad Internacional. Deber que sobrepasa los límites de las crisis, y que no puede ahogarse en una maraña de medidas sanitarias y económicas, y que no puede conformarse con que le digan que “las fronteras están cerradas”. Este Uruguay diplomático, mundial e internacionalista, es el que en medio de la pandemia da el ejemplo al mundo. Sobre lo que se debe hacer, sobre lo que sostiene a los principios y valores y sobre el papel que jugará Uruguay en el nuevo orden mundial que se está creando.