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En 1988 la revista Millennium publica su número especial sobre “Mujeres y Relaciones Internacionales”, visualizando una nueva puja académica que resaltaba el trabajo de mujeres en la disciplina, trayendo al género a una estructura epistemológica enmarcada por las tradicionales corrientes dominantes. Este viraje hacia un colectivo de teorías enmarcadas como “reflectivistas”, denotan el surgimiento de un nuevo debate al interior de las Relaciones Internacionales, confluyendo dentro de un contexto marcado por la caída del Muro de Berlín, y el inicio de un período posterior a la Guerra Fría que deja lugar a un quiebre entre los enfoques teóricos de las Relaciones Internacionales, abandonando con la tradición de vaivén entre el realismo y el liberalismo y sus variantes a lo largo del siglo XX para adentrarnos en una nueva vertiente en que se incluiría el feminismo, la teoría crítica, el posmodernismo, el postestructuralismo y el constructivismo.  

Las teóricas feministas desde el seno de la estructura de la disciplina comenzaron a cuestionarse cuál debería ser el camino que debería seguir la revolución, una parte de ellas optaba por aplicar la cuestión del género en la disciplina per se, adaptando el material y la currícula de la carrera; mientras que otros alentaban a la creación de una “disciplina autónoma”, debido a que consideraban que la adaptación a viejas estructuras de pensamiento rodeada de una “gramática androcéntrica”, cohartaba la libertad de acción de la “variable género”. Su lucha se enfocaría en la caída de la hegemonía epistémica que enmarcaba la disciplina, donde se le otorgaban un espacio predominante al género masculino y sus teorías, en detrimento de los espacios académicos femeninos, denotando la inexistencia de equidad y diversidad académica en las Relaciones Internacionales y sus referentes. 

“¿Dónde están las mujeres?” se preguntará una de las principales exponentes feministas Cynthia Enloe inaugurando una grieta que dividiría las escuelas de pensamiento de los años noventas. Si tradicionalmente el lugar de la mujer estaba por fuera del ámbito público para reservarse al orden de lo privado, en donde la reproducción y el cuidado de la casa serían menester en la vida y funcionalidad en la sociedad, había llegado el momento en el que las mujeres por el simplemente hecho de ser personas jurídicas con derechos y obligaciones, como lo son sus análogos hombres, pueden compartir los mismos espacios de acción y ser incluidas, desde el punto de vista empírico y representativo, en las discusiones y en el desarrollo académico en el seno de la disciplina. El que las mujeres no estuvieran incluidas en el estudio ni las prácticas de la política internacional, dejaba por sentado que la diplomacia y sus dispositivos de acción,así como su ejercicio, era materia de hombres, por lo que no debe de llamar la atención la ausencia de obras e investigaciones, como profesoras de enseñanza superior de género femenino. 

Como apuntó J. Ann Tickner sobre la disciplina de las RI: “¿Por qué hay tan pocas mujeres en mi disciplina? Si enseño sobre este campo tal y como se le define convencionalmente, ¿por qué hay tan pocas lecturas escritas por mujeres que pueda asignar a mis alumnos? ¿Por qué está mi disciplina tan alejada de las experiencias vividas por las mujeres? ¿Por qué las mujeres han brillado solo por su ausencia en los mundos de la diplomacia, el ejército y la elaboración de la política exterior?” (1992: 1).

Es a partir de ello que las autoras feministas inician a desarrollar un nuevo lenguaje para capturar fenómenos de las relaciones internacionales que las lentes tradicionales de la disciplina, centradas en las relaciones entre estados soberanos, caracterizados como actores unitarios y racionales masculinizados invisibilizaban (Tickner, 1992). Frente a la metodología que era consideraba como “homocéntrica” y “blanco”, para referenciar a la cuna del origen anglosajón de los principales exponentes de la disciplina, se aplica la “epistemología feminista”, donde se propone un conocimiento producido desde los “cuerpos marcados” (Haraway, 1988). Nos adentramos dentro de la traducción de conocimientos y experiencias de sociedades fuera del objeto de estudio, dejando por fuera a aquellos actores infalibles dentro del concierto de naciones que reinan y están presentes en el ojo público, sino poder virar nuestra atención hacia esos pueblos que sobreviven entre la vulnerabilidad y la ceguez de sus gobiernos y de la comunidad internacional en su conjunto. Surgen, como consecuencias, teorías femnistas poscoloniales, de los feminismos negros y chicanos, señalando la opresión de la invisibilización, de la revolución del género, señalando las limitaciones y peligros con los que aquejan el ser mujer o reconocerse con el género femenino en países o comunidades donde la libertad está delimitada por pensamientos ideológicos o gobiernos teocéntricos donde la religión es la ley. 

Es necesario señalar que las teorías feministas no son monolíticas y se caracterizan por su pluralidad. Mientras que algunas estudiosas han preferido analizar de manera más tradicional los fenómenos internacionales, mostrando cómo las mujeres han jugado un rol central en la política internacional, otras se han dedicado a desnaturalizar el concepto de mujer universal (es decir, las mujeres euroblancas), señalando otras problemáticas, como la raza, la clase o la sexualidad a partir de una visión interseccional. Muchas, no obstante, parten de la necesidad de la incorporación de la mujer como variable en la disciplina (variable especialmente importante para las feministas liberales y radicales), siendo la categoría de género consagrada como la aportación más relevante.

Al interior de ellas podemos encontrar diversas ramas, la teoría liberal feminista que concibe la integración plena de las mujeres en las Relaciones Internacionales, llevando así a la equidad en todos los ámbitos de acción ya sea en la diplomacia, la ejecución de políticas públicas en concordancia a un plan de política exterior, o al frente de un Estado. Algunos trabajos  en  esta  línea de pensamiento  son  los  de  D ́Amico  y  Beckman  (1995),  quienes  examinan  el  papel desempeñado por algunas dirigentes políticas, tales como Margaret Thatcher o Corazón Aquino. Peterson y Runyan (1991) hicieron visibles algunas figuras históricas femeninas a través de una recopilación que va desde Cleopatra hasta Golda Meir, con el objetivo de demostrar la presencia de las mujeres en la política y en la esfera internacional a lo largo de la historia. Otros estudios, como los de Galey (1994) y Stienstra (1994) destacan el rol de las mujeres en organizaciones estatales y supraestatales (Locher, 1998, p. 5). En su obra Bananas, Beaches & Bases. Making Feminist Sense of International Politics, Cynthia Enloe (1989, pp. 1-2) señala la importancia de las mujeres en la sociedad internacional.

La teoría feminista postcolonial reinvindica el pensamiento heredado del período postcolonial en cuya revisión histórica-teórica señala la crítica hacia la permanencia de un único sujeto con voz y de la invisibilización del otro/a dentro del régimen represivo del colonialismo y racismo, y la postura de resistencia frente al sistema internacional hegemónico. Se plantea, asimismo, un llamado al sujeto subalterno en tanto mujer doblemente expuesto por ser la antítesis perfecta del hombre blanco occidental. En este sentido, el feminismo postcolonial ha sido importante para resaltar la naturaleza compleja de las identidades. Por ello, rechazan la noción de que el género es una categoría universal y homogénea y, por lo tanto, no necesariamente todas las mujeres comparten los mismos intereses y opresiones en función de la variable de género. Siguiendo la línea de pensamiento las feministas postcoloniales denuncian que las mujeres de las ex colonias son las que llevan la carga más pesada del sistema de opresión. Dentro de estas teorías podemos encontrar multiplicad de conceptualizaciones tales como “interseccionalidad” (Viveros Vigoya, 2016), “lugar de enunciación” (Ribeiro 2018),“sister outsider”(Lorde, 1984), “matriz de dominación” (Hill Collins 2000), entre otros. 

En resumen, si las feministas liberales se preguntan ¿Dónde están las mujeres en las relaciones internacionales?,las seguidoras de las perspectivas postcoloniales,indagan: ¿cómo podemos construir un mundo de reconocimiento y respeto mutuo basado en la diversidad? ¿Cómo  podemos  realizar  una  escucha  generosa  del  “otro”  y  articular  una  agenda  feminista  plural  y  multivocal? (Grecco, G. de L. ,2020). 

La teoría feminista decolonial parte de un enfoque que se relaciona a la herencia colonial que se instala en Ámeria a partir de 1492, que insta a realizar una relectura de la historia con nuevas temporalidades y desde las múltiples miradas, categorías, epistemologías y cosmovisiones construidas por las mujeres de la región. Estos conocimientos ancestrales fueron invisibilizados; fenómeno llamado por los decoloniales de epistemicidio (Carneiro, 2005).  Entre sus principales teóricas podemos destacar a Ochy Curiel, Karina Ochoa, Aura Cumes, Adriana Guzmán y Sueli Carneiro. También se destaca la teórica argentina María Lugones que propone el concepto de colonialidad del género. 

La pregunta que guiaría a las teóricas decoloniales podría ser: ¿cómo  podemos  reconstruir  una  sociedad  global  en  la  que  se  incluyan  epistemologías, cosmovisiones y miradas de las mujeres sureñas, rompiendo con las prácticas y discursos de la modernidad ilustrada occidental y con la colonialidad del género? (Grecco, G. de L. ,2020).

 

Las Relaciones Internacionales no son neutras en cuanto a género, es decir, no afectan de igual manera a hombres y mujeres. Históricamente, la disciplina, al ocuparse de la denominada “alta política” (las relaciones interestatales y la guerra, etc.), estudiaba una realidad social muy diferente a la que se daba en el interior de los Estados, dejando de lado, por múltiples cuestiones, aquellos asuntos que conciernen a la mujer como parte de un país, de un gobierno, de víctima de guerra, como parte de un núcleo familiar, como ciudadana. La Organización de las Naciones Unidas, un actor clave dentro del multilateralismo y la cooperación internacional, en el año 2000, a través de la redacción de la resolución 1325 del Consejo de Seguridad, establecerá en un documento formal y jurídico la exigencia a las partes implicadas en un conflicto a la protección de los derechos de las mujeres (víctimas de crímenes de índole sexual e invasión y  brutalidad de su privacidad), el respaldo de su participación a lo largo de las negociaciones de paz y el state building tras la culminación del conflicto, y haciendo especial énfasis en la protección de las mujeres y niñas de la violencia sexual y la basada en el género. (Entre las resoluciones relevantes más recientes tenemos la SCR 2106 y la SCR 2122, ambas del año 2013). Este hecho pone un antes y después en la figura de la mujer en las relaciones internacionales, siendo consideradas por los autodenominados principales actores del sistema internacional por las largas tradiciones teóricas de la disciplina, los Estados, como policy makers a la par de los hombres, donde las cuestiones de  paz y la guerra pueden ser temas de mujeres, siendo ellas también, agentes de transformación de su entorno tanto a nivel local como internacional.

Conclusiones: 

El espacio y la reivindicación del género en las Relaciones Internacionales ha abierto un nuevo horizonte al estudio de la disciplina, permitiendo la posibilidad de ser oídas voces que siempre estuvieron presentes a lo largo de la historia, acompañando los momentos más importantes de la misma pero siempre en la retaguardia, desde un papel secundario. Nuevos desafíos en la disciplina, implican una revisión de nuestros pasos para un futuro más firme; es la hora de que los retos sean enfrentados desde la equidad, otorgando el manejo de la agenda indistintamente del género, dejando por fuera de discusión si es hombre o mujer el/la que se encargará de la Realpolitik. Las retos se enfrentan aquí y ahora en un mundo plagado de incertidumbre, las mujeres también estamos listas y es ahora nuestro turno de tomar las riendas que alguna vez nos privaron. 

Bibliografía:

  • Grecco, G. de L. (2020). Feminismos y género en los Estudios Internacionales. Relaciones Internacionales, (44), 127-145.
  • Carvallo Ponce, Pedro M.. (2006). Género, Posmodernismo y Relaciones Internacionales: La identidad femenina en el discurso de las organizaciones internacionales. CONfines de relaciones internacionales y ciencia política, 2(3), 89-100. Recuperado en 05 de marzo de 2021, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-35692006000100006&lng=es&tlng=es.