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Un 25 de diciembre, pero de 1991 se disolvía la Unión Soviética (URSS), creándose la Comunidad de Estados Independientes. 

La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas nació tras la revolución rusa de 1917 y se vuelve formalmente un Estado y sujeto de derecho en 1922, siendo considerado el Estado sucesor al Imperio Ruso antaño gobernado por la familia Romanov.  

Luego de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, la URSS y los Estados Unidos se convierten en las dos superpotencias mundiales, iniciándose la Guerra Fría donde estos Estados apuntaron a ampliar su zona de influencia y la expansión de sus modelos económicos siendo el capitalismo apoyado por EEUU y el comunismo por la URSS, teniendo como consecuencia pequeños y medianos conflictos armados a lo largo del mundo donde las potencias no necesariamente participaban activamente, aunque hubieron excepciones. 

Para fines del Siglo XX, precisamente fines de la década de los 80’ la situación del bloque socialista había cambiado drásticamente respecto a lo que era en los 60’. La dura derrota en la invasión a Afganistán, las controversias a nivel internacional causadas por el incidente de Chernóbil, el alejamiento chino del comunismo orientándose al aperturismo comercial y la Caída del Muro de Berlín en 1989 fueron una estocada para la URSS y vaticinaban lo que podía ser el fin de la Guerra Fría y del bloque socialista. 

Dentro de la Unión Soviética, a fines de 1990 e inicios de 1991, comienzan a generarse en los altos rangos del Partido Comunista grandes tensiones originadas principalmente por la disconformidad de las medidas adoptadas por Gorbachov, el entonces mandatario soviético, que apostó por reformas económicas y políticas concediendo más libertades a los habitantes.
A mediados de 1991 anuncian la firma del Tratado de la Unión, que daría a las Repúblicas de la URSS poderes soberanos más amplios, algo similar a lo que era la entonces Yugoslavia. Esto no serviría de mucho, pues varias Repúblicas ya comenzaban a declarar su independencia, como fue el caso de Lituania el 3 de marzo del mismo año y de Georgia el 9 de abril cuando estos firman un plebiscito pro independencia. 

Tras estas manifestaciones el ala más conservadora del Partido Comunista, con apoyo de miembros de la KGB intentaron un fallido golpe de estado y se convocó a una huelga general que tuvo poco apoyo de las fuerzas armadas y del pueblo soviético. 

El 8 de diciembre de 1991 las autoridades de Bielorrusia, Rusia y Ucrania reunidas en Belovézhskaya Puscha firman un documento cuyo preámbulo anunciaba “La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas deja de existir como sujeto de Derecho Internacional y realidad geopolítica” y establecen la Comunidad de Estados Independientes. 

Pocos días después, el 25 de diciembre de 1991, el mandatario soviético Mijaíl Gorbachov anuncia finalmente la extinción de la URSS y renuncia a la presidencia de la misma, poniendo fin a la superpotencia comunista y finalmente a la Guerra Fría. 

Los años post caída para los nuevos Estados que sucedieron al gigante soviético fueron duros, marcados por conflictos internos y grandes crisis económicas al enfrentarse poco preparados a un mundo radicalmente opuesto al que habían estado acostumbrados por casi 70 años. 

Los estados aliados a la URSS también sufrieron efectos catastróficos en sus economías y ordenes políticos, grandes ejemplos son la disolución de Yugoslavia tras la Guerra de los Balcanes en 1991, la caída del régimen comunista en Albania en 1992, la disolución de Checoslovaquia en 1992, entre otros tantos. En Asia y América también se vieron las consecuencias del derrumbe, con una gran crisis económica en Cuba que llevó a pequeños cambios económicos y a una relativa apertura hacia el mundo, principalmente orientada a atraer turismo, y en Corea del Norte con una crisis económica y alimenticia que llevó a la muerte de entre 300.000 y 2.000.000 de personas según distintos autores. 

Como contracara de esto, también hubo quienes de una u otra forma se beneficiaron de la caída soviética. Estados Unidos resultó “vencedor” de la Guerra Fría y se convirtió en la superpotencia económica y militar mundial indiscutida, posición que tras los tropiezos de la URSS en sus últimos años y su victoria sobre Irak en febrero de 1991 quedó más firme que nunca.
A lo largo del mundo, distintos Estados, grupos paramilitares y simples guerrillas aumentaron sus arsenales militares gracias a todo el armamento y equipos soviéticos que fueron abandonados, vendidos o robados y esparcidos por todas partes del mundo, algo que llevó y facilitó el incremento de conflictos de pequeña escala y guerras civiles en Estados que ya venían teniendo problemas, como pasó en gran parte de África. 

Actualmente, el Estado sucesor de la URSS es Rusia, la cual bajo el mando de Vladimir Putin ha vuelto a posicionarse como una de las potencias más importantes del mundo y un actor de gran importancia en el análisis del Sistema Internacional.