Fundamentalismo Islámico: Boko Haram en Nigeria

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Para presentar los principales elementos característicos del fundamentalismo islámico y el rol de esta religión en la vida social de la población, decidimos destacar el caso de la presencia de Boko Haram en el Estado de Nigeria. Estos movimientos de raíz islámica comparten como elemento de unión la búsqueda de la instalación de un Estado confesional islámico, y a pesar de un número de diferencias en su apariencia, en su totalidad apuntan a la conversión de la sociedad que habita un territorio concreto a esta religión, valiéndose para ello del aparato estatal.

La tendencia de estos movimientos apunta al control del Estado por los jefes religiosos, estableciéndose de esta manera un estado teocrático (en el que coinciden los líderes religiosos y los políticos) que busca imponer la Sharia, que constituye el cuerpo del derecho islámico. Dichos grupos fundamentalistas tienen como base la idea de romper con la civilización occidental democrática y sus raíces judeo-cristianas (concebidas como el Gran Satán), trabajando en pos de la desestabilización de los gobiernos pro-occidentales en los países con una presencia islámica demográficamente relevante.

Si deseamos encontrar respuestas que nos permitan entender la relevancia de la presencia musulmana en Nigeria, debemos recurrir en primera instancia a la evolución histórica de la misma. El Imperio Británico fue quien se hizo con el control del territorio nigeriano, avanzando desde la desembocadura del río Níger hacia el interior del continente. El norte nigeriano ha gozado desde tiempos coloniales de una autonomía significativa respecto al poder de la corona británica, gracias a su pasado como proto-estado con una fuerte presencia islámica suní. La Corona optó por tratar a la región septentrional de forma diferente a la adoptada con su contraparte del sur durante largo tiempo y, para evitar una escalada en la violencia de los enfrentamientos, otorgó una autonomía relativa a los líderes religiosos del norte. Este elemento ha extendido sus influencias hasta la actualidad, ya que la Sharia se ha constituido como el fundamento del derecho en 12 de los 36 estados en los que se divide el territorio nigeriano, todos ellos septentrionales. Lo que comenzó como un permiso por parte del Estado para que estos se rigieran por la ley musulmana, terminó siendo campo fértil para el surgimiento de movimientos radicales que buscaban extender sus potestades respecto al gobierno central.

A esta marginación histórica de los estados del norte, alejados del poder central, debemos sumar como factor contribuyente al surgimiento del islamismo radical a las desigualdades socio-económicas con respecto a los estados meridionales (que concentran la mayor parte de las inversiones) que en estos últimos años se han agravado gracias a las consecuencias negativas de problemas ambientales que inciden en la franja del Sahel como la desertificación de los suelos y el desecamiento del lago Chad. Nigeria se ha destacado como la primera economía del continente africano, no obstante, casi la cuarta parte de su población se encuentran en una situación de pobreza extrema, lo que expone la enorme desigualdad que se concentra en este territorio. Desde un criterio religioso-cultural, es posible identificar claramente dos zonas: el norte musulmán, marginado y pobre, y el sur, cristiano, rico en hidrocarburos y sede no solamente del poder político sino también de las dos principales ciudades del país: Lagos y Abuja.

El Islam es practicado principalmente por los pueblos Yoruba y Hausa, lo que aporta una dimensión religiosa a los conflictos étnicos ya existentes. Estos enfrentamientos alcanzarían niveles más altos de violencia con la progresiva implementación de la Yihad por parte de los Muyahidines y la creación en el año 2002 del grupo terrorista Estado Islámico en África Occidental, mejor conocido como Boko Haram, término de la lengua huasa que tiene dos acepciones: “la pretenciosidad es anatema”, o el más popular, “La Educación Occidental es Pecado”.

Su discurso se funda en una oposición cultural generalizada a la secularización y “occidentalización” que los británicos introdujeron durante la época colonial, y que ellos afirman las élites políticas nigerianas han utilizado para su propio beneficio. Este movimiento fue fundado por Ustaz Mohammed Yusuf, un clérigo musulmán que desde su mezquita en el estado de Borno abogaba por soluciones para la situación de pobreza y falta de acceso a los servicios básicos de gran parte de la población. Este religioso se consolidó como un fuerte crítico de la modernidad y los valores occidentales e impulsó la idea de la implantación de la Sharia como ley de obligado cumplimiento en todo el país.

También reprochó a las autoridades nigerianas el defender y promover la idea de un Estado laico, oponiéndose a todos aquellos que hicieran una interpretación de la Sharia divergente a la sunna (enseñanzas islámicas que datan de Mahoma y sus contemporáneos). El objetivo principal de la organización fue el establecimiento de la Sharia, y por ello manifestaban su rechazo a la Constitución y las leyes del país, identificado como símbolos de un ordenamiento propio del mundo occidental introducido por los colonos europeos liberales para corromper la moral islámica. En un primer momento Yusuf defendió la creación pacífica de un gobierno político de corte islámico, pero con el paso del tiempo fue adoptando posiciones cada vez más radicales que transformaron a la organización en el grupo terrorista de hoy en día.

Sus primeros integrantes fueron jóvenes que veían a la yihad como un camino para canalizar su resentimiento y su rechazo hacia la corrupción del gobierno nigeriano y los abusos de las fuerzas policiales, profundizando gradualmente en la fe islámica más rigurosa y estricta. Lo que en un primer momento podía identificarse como un rechazo a un gobierno corrupto y a la intervención de las potencias extranjeras en territorio africano rápidamente escaló hacia el repudio de todas las actividades y costumbres asociadas a la cultura occidental, desde la vestimenta hasta el derecho al sufragio o la posibilidad de acceder a una educación laica.

Debemos esperar hasta el año 2009 para observar el nacimiento de Boko Haram como la organización que conocemos en la actualidad, ya que en ese año la organización se enfrentó con las fuerzas de seguridad nigerianas, conflicto que dejó un saldo de más de mil fallecidos. Es en este momento que comienza la utilización de tácticas de guerrilla, marcando su transformación en un grupo terrorista, que en los últimos años ha perfeccionado su accionar mediante el relacionamiento con otros grupos de esta naturaleza como AQMI (Al Qaeda en el Magreb Islámico).

Inicialmente concebido como un grupo fundamentalista sunní, se ha ido convirtiendo en un movimiento salafista-yihadista, que preconiza la “guerra santa” ofensiva ante quienes ofendan al Islam y en la actualidad el objetivo de esta organización está en la implantación de la Sharia como ley oficial en la totalidad de los treinta y seis estados en los que se divide el país, convirtiendo a Nigeria en un estado islámico. A su vez, como se deduce de su nombre, intentan erradicar toda influencia política, cultural y educativa del modo de vida occidental en Nigeria, atacando para ello a las instituciones educativas (por ejemplo, eliminando las instituciones dedicadas a la enseñanza femenina), buscando agrandar la brecha existente entre la población cristiana y la musulmana que el gobierno es incapaz de cerrar. Para ejemplificar esta situación basta con mencionar que el noreste nigeriano, la región más pobre del estado, es también el principal campo de operaciones del grupo.

Esta radicalización islámica de ciertos movimientos revolucionarios lógicamente afecta a la sociedad en general, más aún si tomamos en consideración que su raigambre salafista ha tenido un gran impacto en las capas más populares, insertándose en cada vez más espacios públicos (lo que para ciertos autores es consecuencia del rechazo de esta población a las intervenciones militares de las potencias occidentales en su territorio). Aquí es preciso destacar que uno de los puntos que individualiza a Boko Haram respecto al resto de los movimientos del Islam es su escasa vocación internacional, manteniendo como su campo de acción al noreste nigeriano (con un foco de menor extensión en Kano, la mayor ciudad del norte de Nigeria), e incursiones de menor envergadura hacia los estados limítrofes, como en el norte de Camerún, el oeste de Chad y el sureste de Níger.

No queremos dejar sin mencionar las consecuencias del islamismo radical impulsado por Boko Haram en una población específica: las mujeres nigerianas, quienes han sido víctimas de un sinnúmero de situaciones impulsadas por la organización. La radicalización experimentada a lo largo de estos años ha implicado el uso de la violencia contra las mujeres por razones de género, y la objetivación sexual se ha convertido en una estrategia recurrente para la consecución de los objetivos de los yihadistas. Debemos tomar en cuenta que independientemente de la situación caótica ocasionada por los yihadistas, la vida tradicional de las mujeres nigerianas se desarrolla en un contexto patriarcal, con tradiciones culturales como el matrimonio forzado, el enclaustramiento de las viudas o la mutilación genital, que se han recrudecido con la llegada de dicha organización.

En el marco de su objetivo último, la instauración de un califato en territorio nigeriano, estas tácticas de terror basadas en la violencia sexual se han convertido en un elemento característico, más aún si tomamos en consideración la mezcla entre las creencias religiosas y las convicciones culturales tradicionales de la población. Para presentar un ejemplo, los yihadistas avalan el matrimonio forzado, en tanto permite que la cónyuge y su descendencia puedan ser convertidos al Islam. A esto debemos agregar que el desprecio manifestado por Boko Haram incluye la utilización de las mujeres como espías y reclutadoras de otras mujeres y niños para la causa, y en el último tiempo, su uso en los ataques suicidas (impensado décadas atrás), debido a su facilidad para pasar desapercibidas ante las fuerzas de seguridad.

Entre las tácticas brutales empleadas por el grupo para instrumentalizar a niñas y mujeres, aparece su utilización como como bombas humanas, lo que además del daño que se provoca sobre el objetivo, se trata de una acción de venganza hacia la detención de mujeres de la organización por parte del gobierno. Además de resultar una táctica exitosa, se trata de una acción de venganza por las detenciones de sus mujeres e hijas por parte de las fuerzas nigerianas. Esto se debe a que también por parte del gobierno se las ha utilizado como medio para atacar a los insurgentes, encarcelando a las mujeres cercanas a la organización sin acusarlas de cargo alguno.

 

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