Elecciones en EEUU y el caso Bush vs Gore

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El resultado electoral en los Estados Unidos, más allá de que la mayoría de las encuestas preelectorales otorgaban una cómoda victoria al candidato Joe Biden, se definió voto a voto, y terminó al menos de momento otorgandole la victoria al ex vicepresidente y a su compañera de fórmula Kamala Harris, luego de imponerse en los estados claves de Georgia, Arizona, Nevada y principalmente Pensilvania, ya que fue este último quien terminó entregándole los 20 electores al candidato demócrata que le permitieron acumular momentáneamente 273 representantes en el colegio electoral, 3 más de los necesarios para llegar a la presidencia.


Entonces, ¿es Joe Biden el nuevo presidente de los Estados Unidos? De momento si, pero todo parece indicar que esta historia lejos se encuentra de un punto final, y es que la polémica se ha instalado alrededor de los votos por correo, modalidad alentada por los demócratas para evitar aglomeraciones debido a la pandemia del coronavirus, que ya se ha cobrado la vida de casi 240 mil personas en el país.


El candidato republicano y actual presidente, Donald Trump, ya ha manifestado que no reconocerá los resultados de la contienda y se declaró ganador de la misma, ya que según el, los demócratas intentan »robarle la elección» en base a la modalidad del voto por correo, debido a que se habría puesto en marcha una maniobra fraudulenta en el recuento de los estados clave en disputa. La realidad es que todavía es todo muy confuso y las acusaciones al parecer no son contundentes, de hecho el escrutinio continúa y hay estados que aún no tienen un ganador, como es el caso de Georgia y Carolina del Norte.


¿Y ahora qué sigue?


El equipo del candidato republicano está preparando un inmeso paquete de recursos legales, principalmente para impedir que muchos de los votos por correo que fueron llegando en los días posteriores a la elección sean convalidados. Por eso el mandatario publicó en su cuenta de twitter, su medio de comunicación preferido, la frase »¡detengan el conteo!», aludiendo a que en los estados clave en donde llevaba la delantera en la noche del martes (Wisconsin, Michigan, Georgia y Pensilvania) estaban llegando miles de votos que no debían ser validados, o se utilizaba un software malicioso el cual le otorgaba parte de sus votos al candidato demócrata. Esta última teoría fue tomando fuerza en las últimas horas, tras descubrirse un supuesto problema como el mencionado en Georgia, estado que compartiría el mismo sistema de conteo con el resto de los principales estados disputados.


Más allá de que parecería que las pruebas hasta el momento no son contundentes, o que las acusaciones no le permitirían poner en duda la validez de los resultados, el presidente puede presentar todas las demandas que quiera, primero en la corte estatal del proceso en cuestión (recordemos que Estados Unidos posee un sistema federal bien marcado y protegido por su Constitución) y después, si es necesario, seguir a una instancia mayor que sería la Corte Suprema, el tribunal de mayor rango del país, donde los republicanos poseen mayoría de 6 a 3.


Hace 20 años, la elección presidencial fue resuelta en la Corte Suprema, 35 diás después de la votación. Y el ganador fue un republicano.


Gore vs Bush


No sería la primera vez que la Corte Suprema intervenga en unas elecciones presidenciales. En el año 2000, el presidente George Bush, entonces candidato, le ganó el estado de Florida por menos del 0.5% a su rival político Al Gore.


La elección presidencial de Estados Unidos del año 2000 fue la primera en 112 años en dar como ganador al candidato que obtuvo menos votos de ciudadanos. Los comicios confrontaron al entonces gobernador de Texas, George W. Bush (por el Partido Republicano), y al vicepresidente del mandato de Bill Clinton, Al Gore (Partido Demócrata). Gore ganó la elección con más de medio millón de sufragios, pero perdió los votos que realmente importan: los del Colegio Electoral y los de la Suprema Corte de Justicia.

Tras el cierre de las urnas, los grandes medios de comunicación fueron dando los resultados previos de cada estado: Nueva York y California, para Al Gore; Texas, Misuri y Ohio para Bush. Y hasta el momento, la noche venía muy pareja, tal y como las encuestas lo habían pronosticado.


El problema fue cuando los medios, encuestadores y autoridades electorales no coincidieron en el ganador de Florida, un estado clave que repartía 25 votos electorales definitivos para romper el empate. Florida siempre ha sido una de las llaves para ganar la elección presidencial, y es que desde 1996, el que lo gana, gana la presidencia. Desde 1924, solamente en dos oportunidades quien ganó este estado clave, no consiguió los 270 votos electorales para llegar a la Casa Blanca.


El estado de Florida se vio inmerso en una gran polarización política y social por el caso del niño cubano Elián González, que a finales de 1999 había sobrevivido al viaje realizado desde Cuba, en el cual su madre perdió la vida. Las decisiones del gobierno de Bill Clinton y las idas y vueltas de Al Gore llevaron a que los demócratas perdieran mucha popularidad en el estado, donde el peso del voto cubano-estadounidense es muy grande.


A primeras horas de la mañana después del día de las elecciones de 2000, estaba claro que la contienda electoral entre el candidato republicano George W. Bush y el demócrata Al Gore sería decidida por los 25 votos electorales de Florida. Varias de las principales cadenas de noticias del país ya declaraban que Gore era el ganador del estado, lo que le abría el camino a la Casa Blanca. Sin embargo, la tendencia empezó a cambiar, los medios reportaban múltiples irregularidades en el conteo de los votos y el resultado parecía cada vez más incierto.


Al haber una diferencia de menos de 0,5%, la ley requería un recuento automático de votos, lo cual redujo la ventaja de Bush a 327 sufragios. Al ser eso menor a 0,25%, debía darse un recuento de votos manual. En los primeros minutos del día 8 de noviembre del año 2000, el conteo de Florida empezó a mostrarse desfavorable para el candidato demócrata, y Bush se quedaba con los 25 votos del estado y el triunfo presidencial. Gore quedó »devastado», aseguran hoy personas de su círculo cercano.


El entonces vicepresidente realizó la tradicional llamada de reconocimiento a su rival político para felicitarlo por la victoria. El problema es que minutos más tarde tuvo que volver a llamarlo, ya que sus colaboradores le manifestaron que se había apresurado y que la historia aún no terminaba. Llamar a Bush para retractarse de admitir la derrota era algo inédito. Bueno, lo hizo.


Esta elección dejó marcas en la política estadounidense, algunas un poco simpáticas o curiosas, como el nacimiento de la expresión »too close to call» que en español significaría »demasiado pronto para llamar» que seguramente han visto que ha sido empleada por los medios estadounidenses para referirse a aquellos estados en los que la elección era muy pareja, y por ende era muy pronto para entregarle la victoria a un candidato en ese territorio. Esta expresión, ampliamente utilizada en época electoral, se popularizó por la llamada de Gore a Bush.


El tiempo comenzó a pasar, llegó el mes de diciembre, y Estados Unidos aún no tenía definido quien sería su presidente, el cual tendría que asumir en sólo un mes. Fue entonces cuando la secretaria de Estado de Florida, Katherine Harris, cercana al entonces gobernador Jeb Bush, hermano del candidato republicano, alegó que no encontraba razones para continuar los recuentos.

Además, numerosos incidentes se produjeron en las calles y en una de las sedes de recuento ubicada en Miami, cuando manifestantes a favor de Bush irrumpieron en ella. Gore no se quedó de brazos cruzados: apeló a la Corte Suprema de Florida para obtener una orden para el recuento.


»Hubo un escenario inesperado, sin precedentes. Finalmente se decidió por 537 votos, y el sistema electoral de aquel momento no estaba preparado para una elección tan disputada» le cuenta a la BBC Jorge Duany, un académico de la Universidad Internacional de Florida.


»Había una especie de desconfianza en la comunidad. Y esa desconfianza tiene una larga historia entre los cubanos de Miami de los años 60. Muchos recuerdan la llamada traición de Kennedy, un demócrata que no apoyó la invasión de la Bahía de Cochinos en Cuba» agrega. El ambiente en el sur de Florida, crispado durante meses por el caso de Elián González y las campañas, se percibía cada vez más denso con los republicanos copando las calles mientras denunciaban que los demócratas querían robarles la elección.


Tras 36 días de incertidumbre, con una votación de 5 a 4 la Corte Suprema de EE.UU. intervino, ordenó la suspensión del recuento por considerar que se rompía la obligación de “tratar por igual a todos los votantes” y, por tanto, Bush se convertiría en el nuevo inquilino de la Casa Blanca.


Bush obtuvo los 271 votos que lo convirtieron en el Presidente número 43 de los Estados Unidos y Gore aceptó la derrota.


A diferencia de muchos países, en Estados Unidos a lo largo de la historia no ha existido una única forma de emitir el voto en las elecciones presidenciales. En algunos distritos se ha usado un sistema electrónico, en otros boletas en papel y en algunos más el votante tenía que usar una máquina con la que se perfora una tarjeta, como es el caso de Florida en las caóticas elecciones del 2000.


Esta última modalidad votación provocó muchos inconvenientes a la hora de validar votos en el posterior recuento (conocido como sistema de perforación o sistema »Chad»), y si se quiere se puede hacer un paralelismo con la modalidad excepcional del voto por correo, que también presentó muchas irregularidades. De hecho, Gore inició una ofensiva legal para intentar invalidar muchos de esos votos, como sucede hoy con Trump.


Aunque el caso todavía resuena políticamente, y marcó un antes y después por lo menos en la opinión pública estadounidense, su principio legal ha sido considerado durante mucho tiempo como una decisión válida para un único caso. La propia Corte Suprema no ha citado la decisión en ningún fallo desde entonces.


Sin embargo, gracias al voto por correo, el presidente Trump persiste con sus acusaciones de votación fraudulenta, y su equipo legal trae nuevamente a colación el fallo de Bush vs Gore, de hecho algunos abogados demócratas se preguntan si el caso puede dejar de ser una decisión de una vez y convertirse más en un principio que, en palabras del difunto juez Robert H. Jackson, »yace como un arma cargada lista» para ser usada en un momento de necesidad. Los demócratas mientras tanto se mantienen expectantes para contraatacar, debido a que el Supremo ya ha emitido »señales» que deberían de encender las alarmas, como el fallo que rechazó extender en Wisconsin el recuento de papeletas por correo a las que llegasen después del día de las elecciones, tal y como sucede en Pensilvania. Algo que sería entendido como un guiño a los republicanos.


No es tan sencillo


El actual presidente y candidato republicano afirma que ganó »por mucho», pero hay que destacar que sus probabilidades de éxito en caso de presentarse ante la Corte (si bien el panorama está abierto en un principio) no son tan altas como algunos piensan, a pesar de poseer mayoría de 6 a 3 en ella y que 3 de esos 6 jueces fueron nombrados por él.

Suponiendo que Pensilvania, Wisconsin, Arizona y Georgia van a recuento, Trump necesita ganar en 3 de ellos para ganar. Incluso si gana en 3 de ellos pero no en Pensilvania, tendríamos un empate en 269 electores. La Constitución estadounidense prevé que, si ninguno de los candidatos logra los 270 votos electorales, es la Cámara de Representantes la encargada de elegir a la persona que ocupará la Casa Blanca.


Si la Corte Suprema llegara a tomar una decisión jurídica que determine el resultado electoral sería la segunda vez en 20 años, lo cual significaría que Estados Unidos estaría atravesando una crisis institucional o cuanto menos de su sistema electoral.


Lo que está claro es que nos esperan largas semanas de ofensivas y contraofensivas legales por parte de ambos equipos (Donald Trump y Joe Biden) en torno a los estados clave o bisagra. Pero para enero del 2021, Estados Unidos tendrá que tener un presidente.

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