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¿Qué entendemos por Conflicto territorial?

Un conflicto o disputa territorial implica un desacuerdo, generalmente entre estados, sobre la pertenencia de un territorio o una fracción del mismo a uno u otro.  La motivación que está detrás de estos enfrentamientos puede ser desde el acceso a recursos naturales de un territorio hasta la consolidación de rutas comerciales o el control de una región estratégicamente relevante para los intereses del estado. El acceso de los países al mar ha sido y sigue siendo una cuestión controvertida. Algunos autores consideran que la salida al océano es un factor determinante a la hora de explicar por qué algunos países que carecen de costa se encuentran en desventaja respecto de aquellos otros que sí la poseen.

Ahora bien, con independencia de si la salida al océano es o no el factor que determina que un estado sea menos próspero que sus vecinos de la costa, lo cierto es que para uno de estos países enteramente rodeados por tierra, Bolivia, la “mediterraneidad” es una cuestión medular. Este país nunca ha dejado de mirar hacia el mar y por ello mantiene un conflicto con su vecino Chile que se ha convertido en una de las disputas más complejas en América Latina.

Los persistentes reclamos bolivianos para obtener una salida al Océano Pacífico tienen su origen en las consecuencias territoriales de la Guerra del Pacífico (1879-1884).

Guerra del Pacífico (1879- 1884):

Al comparar la evolución socioeconómica de Bolivia, Chile y Perú notamos que esta siguió destinos diferentes dependiendo del país. Chile experimentó desde comienzos del siglo XIX un despunte económico que alcanzó hasta las primeras décadas de la segunda mitad de ese siglo. Este crecimiento económico estuvo sustentado principalmente en las exportaciones agrícolas del valle central (trigo, harina, vino, charqui), y de cobre y plata, estas últimas explotadas en el norte chico chileno.

Diametralmente opuesta era la situación de Bolivia y Perú, que se encontraban en una grave caída de su actividad económica, y lidiando con los problemas sociales producto de la caída del ingreso del país. Inglaterra fue la metrópoli que decidió explotar las características ya mencionadas de estos tres países, convirtiéndose en acreedora de los mismos, a la vez que se erigía como su principal suministradora de manufacturas.

Durante la década del 1860 la economía chilena experimentó una crisis que impactó negativamente en la extracción de cobre, que en ese momento era la base de la industria minera del país. A su vez, la extracción de salitre (especialmente por su utilización como fertilizante) tuvo un aumento, convirtiéndose en la base del bienestar del país. Esto conllevaba un problema, y es que los principales yacimientos de salitre no se encontraban en territorio chileno, sino que estaban en territorio peruano y boliviano (en Tarapacá y Antofagasta, respectivamente).

La extracción tanto de salitre como de guano (también utilizado como fertilizante debido a su alto contenido de Nitrógeno, Fósforo y Potasio) entre los paralelos 23°S y 25°S, donde se encuentra la ciudad de Antofagasta fue compartida en partes iguales entre Bolivia y Chile, otorgando Bolivia las concesiones necesarias a las compañías chilenas encargadas de la extracción. Antofagasta resultaba tener una importancia fundamental para Bolivia, ya que significaba su única salida al mar. Un nuevo tratado firmado entre Bolivia y Chile en 1874 permitía a las empresas chilenas la extracción de guano y minerales entre los paralelos 24°S y 28°S durante 24 años, por lo que las compañías extraían materiales también del territorio peruano, más precisamente de la provincia de Tarapacá, por lo que el gobierno de este último país optó por expulsar a los empresarios chilenos y solicitar al gobierno boliviano mayores impuestos a las salitreras chilenas.

Los empresarios se mostraron contrarios a esta nueva postura del gobierno, y Bolivia entonces amenazó con la confiscación del salitre de las empresas chilenas para su posterior venta. Esto finalmente ocurrió cuando el estado boliviano embargó los bienes de la Compañía Salitrera, la más importante del rubro en Chile. Tomando en consideración el informe realizado por la Asamblea Nacional de Nicaragua sobre el conflicto Chile – Bolivia (2016) un año antes que comenzara la Guerra del Pacífico, el presidente boliviano Hiliarón Daza, había impuesto a la Compañía de Salitres y Ferrocarriles Antofagasta, un impuesto de diez centavos de peso boliviano por cada quintal (un quintal equivale a 46,008 kg) embarcado del producto.Chile, a su vez, reclamó que el cobro de ese impuesto violaba el tratado de 1874, y que en ese caso ellos podrían delimitar la frontera con Perú en el Río Loa, en el paralelo 23°S.

Es cuando se descubren las reservas ya mencionadas de guano y minerales que Bolivia decide tomar posesión de toda la región hasta el paralelo 26°S. La compañía chilena de Salitre apoyada por el gobierno de Chile se negó a pagar ese tributo por considerarlo injusto al no estar acordado según el tratado vigente de 1874, lo que llevó a que el gobierno boliviano decretara el embargo y el remate de la compañía por incumplir las nuevas condiciones. El día 14 de febrero de 1879 serían subastados los bienes de la Compañía Salitrera, y en ese mismo día 500 soldados chilenos desembarcaron en la ciudad de Antofagasta dando inicio a la Guerra del Pacífico siendo Chile, Bolivia y Perú los beligerantes.

Bolivia, Chile y Perú, los tres involucrados en un conflicto por el guano y el salitre, buscaron en estos tres recursos naturales de Antofagasta y Tarapacá una forma de mitigar la crisis económica que estaban sufriendo. La explotación de la mayor parte de estos yacimientos estaba en manos de empresarios chilenos que se encontraban asociados al capital británico, hasta que éstos fueron expropiados por el gobierno boliviano. Por ello es que se puede afirmar que la causa de este enfrentamiento bélico fue la posesión de los yacimientos de salitre, guano y demás minerales existentes en la frontera entre estos países. Los motivos eran claros: el guano abundante en la región era en una riqueza inmensa, que luego fue sustituida por el salitre y en el futuro por el cobre.

Asimismo, la guerra entre Chile y Bolivia tuvo su origen inmediato en la disputa por la soberanía sobre el territorio desértico de Atacama, que no despertó mayores rivalidades hasta que el descubrimiento de yacimientos de salitre en el litoral, reservas guaneras en sus islas, y minerales metálicos como la plata, que lo convirtió en un espacio de expansión económica para Chile, sustentado por capitales ingleses. Chile recibió el apoyo fundamental de Inglaterra, que tenía grandes inversiones en el país y a su vez eran su principal acreedor, por lo que la presencia de Inglaterra se justificaba en la defensa de sus intereses nacionales en la región. Esto conlleva a que este conflicto también sea visto como una lucha orquestada por potencias imperialistas que buscaban apropiarse de los recursos mineros de la región (principalmente el salitre).
El 20 de Octubre de 1883 finaliza la guerra entre Chile y Perú gracias a la firma del Tratado de Ancón. En ese tratado Perú le entrega a Chile la provincia de Tarapacá de forma permanente, y las provincias de Tacna y Arica bajo tutela de Chile hasta 1893. Respecto a Bolivia, Chile firmó un acuerdo de tregua en 1884 que otorgaba a éste la administración del territorio entre el Río Loa y el paralelo 23°S, y le permitía a Bolivia el acceso a los puertos de Arica y de Antofagasta para su actividad comercial. La posesión a perpetuidad del territorio de Antofagasta fue una de las exigencias de Chile, mientras que Bolivia aceptaba la administración chilena de dicho territorio y renunciaba entonces a poseer un puerto o territorio costero al Océano Pacífico. Este acuerdo temporal a la espera de un contrato definitivo implicaba que Chile eventualmente otorgara a Bolivia un acceso soberano al mar, pero dicho acuerdo no resolvía las consecuencias del encierro de Bolivia, por lo que en los hechos este país dejó de poseer un litoral.

De todas formas, ambos tratados dejaron algunos elementos inconclusos que serían mejor delimitados en el futuro. El tratado de la Paz y la Amistad firmado en 1904 fijó de forma definitiva las fronteras entre Chile y Bolivia, dejando el territorio de Antofagasta dentro de las fronteras chilenas de forma definitiva, a cambio de que Chile construyera un ferrocarril para unir las ciudades de Arica y La Paz concediendo a Bolivia la posibilidad de comerciar libremente a través del territorio chileno.
El 20 de octubre de 1904 Chile y Bolivia fijan los nuevos territorios a través de la firma del tratado de Paz y Amistad, que conlleva la pérdida para Bolivia de 400 kilómetros de costa, convirtiéndose en un país mediterráneo (sin salida al mar), y de 120.000 kilómetros cuadrados de superficie. En el Tratado de Paz de 1904, se estipuló que Bolivia tendría derecho a utilizar todos los puertos chilenos, pero que, en principio, se limitaba a utilizar los de Arica y Antofagasta. Posteriormente, Chile creó la Zona Franca de Iquique, con el objetivo de vender productos de ultramar, sobre todo a Bolivia. Con esa disposición se abrió un nuevo puerto para Bolivia, el de Iquique, lo que resultó más perjudicial que benéfico, porque incrementó el contrabando y perjudicó a las aduanas bolivianas.

El reclamo boliviano sobre este tratado se basa en la falta de propuestas para la cesión de territorios costeros para Bolivia, ya que dentro del tratado se estipulaba la cesión definitiva a Chile de los territorios que este país ya se encontraba ocupando entre el paralelo 23°S y el Río Loa. En contrapartida se le ofreció a Bolivia acceso comercial a puertos de administración chilena, ya que el acuerdo poseía una serie de disposiciones para promover el tránsito de los productos bolivianos a otros mercados, proponiendo además la creación del ferrocarril ya mencionado que uniría la ciudad de la Paz con el puerto de Arica.
Chile se comprometía entonces a reconocer el derecho de Bolivia al uso de los puertos en el Pacífico, sumado al tránsito comercial en su territorio necesario para transportar su mercadería. A Bolivia se le otorgaba el derecho de crear agencias aduaneras en los puertos en los que comerciara, especificándose para ello los puestos de Antofagasta y Arica. El tratado de Lima firmado en 1929 estableció la nueva situación de Arica y Tacna, la primera pasaría a estar bajo soberanía chilena y la segunda bajo soberanía peruana.

Consecuencias de la Guerra del Pacífico:

Bolivia fue el mayor perdedor, ya que al final de la guerra su situación económica era peor que la anterior al conflicto, ya que a esta situación de por sí ya compleja se le sumaba la pérdida de su salida al mar, que se mostraría como un factor clave para el desarrollo futuro del país, especialmente si se toma en cuenta que el enclaustramiento geográfico suele tener como consecuencia el atraso económico.
Desde la época de la Guerra del Pacífico y hasta el tratado de paz de 1904, el territorio disputado no era demográficamente relevante, pero sí contaba con importancia económica y comercial. El territorio servía para la extracción de salitre para Chile, y los puertos eran relevantes para Bolivia para su comercio internacional.

El resultado directo de la Guerra del Pacífico fue un aumento de la superficie del territorio chileno, especialmente gracias a la posesión del territorio marítimo-costero de Bolivia y parte del territorio sur de Perú, que perdió Tarapacá y Arica, lo que implicó para Chile no solamente una ganancia territorial sino también una ganancia en cuanto a yacimientos minerales.

En términos geopolíticos la principal consecuencia de este enfrentamiento fue la pérdida de la salida de Bolivia al Océano Pacífico. Bolivia se vio envuelta en una gran debacle política y socio-económica, mientras que Chile se habría de consolidarse como uno de los países más desarrollados y con mayor prosperidad de América Latina, situación que se ramificaría hasta nuestros días. Chile fue el primer país de América del Sur que integró la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), al que se sumó Colombia y el segundo de América Latina después de México.

La pérdida por parte de Bolivia a su acceso al Océano Pacífico la afectó en tanto prohibió su integración al circuito comercial internacional, además de servir como freno de los flujos de capital que hasta entonces llegaban al país. Además este país sufrió una pérdida importante de recursos mineros, especialmente de salitre que en ese momento tenía un alto valor en el mercado debido a su utilización como fertilizante. La perspectiva boliviana del conflicto hace hincapié en el impacto negativo que tuvo y hasta ahora tiene sobre el desarrollo económico y social la falta de una salida al mar.

¿Qué implica para Bolivia ser un país sin litoral? Si lo observamos desde una perspectiva geográfica-económica, la falta de un acceso al mar involucraba una posición desventajosa respecto a los demás estados en al menos dos aspectos. El primero de ellos es que alejaba a ese estado de las actividades económicas relacionadas al litoral marítimo como por ejemplo la pesca. La segunda de ellas, y para nosotros la más relevante, es que le prohibía participar del comercio marítimo a través de una salida al mar soberana.

Desde un punto de vista geográfico, las zonas costeras a nivel mundial generalmente poseen una mayor cantidad de población, están más densamente habitadas y tienen mayor desarrollo y prosperidad económica que las zonas continentales interiores. Tomando en consideración lo anterior es posible afirmar que la condición de mediterraneidad es también un obstáculo al desarrollo de los países. Se observa que los países mediterráneos sufren las consecuencias de no contar con una salida al mar soberana, ya que deben ser capaces de sostener su soberanía nacional al mismo tiempo que para resolver sus necesidades de tránsito, tanto de personas como de mercaderías, están obligados a negociar con otros estados, que lógicamente tienen su propia agenda de intereses que puede coincidir o no con la que poseen los primeros.

La primera de las consecuencias a las que está sometido Bolivia impacta en su exportación de gas natural (Bolivia está entre los primeros 20 productores de gas natural a nivel mundial y es el segundo más importante de América Latina por detrás de México) tanto a Asia como al resto del hemisferio norte. Estas pérdidas se estiman en más de 3.600 millones de dólares anuales, por lo que para este país representan aproximadamente un 9% de su PBI. Bolivia carece de la infraestructura necesaria para la exportación de hidrocarburos a los destinos ya mencionados, como así también a otros mercados que podrían abrirse en el futuro; echa en falta por ejemplo un gasoducto para transportar el gas natural de forma más segura y sencilla hasta el Océano Pacífico (Bolivia ya tiene un gasoducto construido hacia Brasil, que termina en la ciudad de Porto Alegre), ya que en otros países productores de gas natural como Rusia, la construcción de estas infraestructuras es la norma de seguridad básica para el transporte de gases combustibles.
La falta de una salida a la mar propia también impacta en un aumento en el precio de las materias primas exportables. Este incremento se debe al costo adicional de transportarlas hasta el puerto de otro país, lo que no solamente impacta en su precio sino que además ocasiona un retraso en los tiempos de entrega. Este aumento en el valor de los productos ocasiona que estos en el mercado internacional aparezcan como más caros respecto a los que ofrecen otros países que no se enfrentan a esta suba en los costos, así que los productos bolivianos se vuelven comparativamente menos competitivos a nivel internacional, de lo que se supone deriva un descenso en su venta.

El tercer inconveniente al que se debe enfrentar Bolivia refiere a los gastos burocráticos asociados al transporte y envío de mercaderías. El no tener un puerto propio la obliga a pagar con parte de sus ingresos por concepto de aranceles y trámites administrativos a un tercer país, que en este caso generalmente es Chile, ya que el puerto predilecto para el comercio boliviano es el que está en Arica. Debido a que los productos de Bolivia deben transportarse a través de Chile hasta llegar a los puertos del norte chileno, este último país se vuelve gravitante en el comercio exterior boliviano debido a la influencia que tiene en la competitividad de sus mercaderías.

Podemos concluir que el hecho de que Bolivia sea un estado mediterráneo o sin salida al mar, lo sitúa en una posición desventajosa en el comercio internacional marítimo, restándole competitividad a sus productos y una menor capacidad para insertarse en el circuito económico mundial. Esto se debe principalmente a las condicionantes ya mencionadas, como lo son el aumento en los costos, la duración de los transportes, la falta de acceso a la riqueza marina (como la pesca o los recursos minerales que se extraen del lecho marino) y la carencia de la infraestructura necesaria, por lo que el potencial número de compradores dispuestos a comerciar con Bolivia por sus productos de exportación se ve claramente limitado. Eso conlleva a una disminución en sus ingresos, tanto de los agentes privados como así también de los públicos, lo que redunda en una menor calidad de vida para la población boliviana.

En el reclamo de Bolivia es posible diferenciar entonces dos elementos relevantes, por un lado, existe un reclamo por la recuperación de la salida al océano que fue quitada a ellos luego de la Guerra del Pacífico como parte del derecho de los bolivianos a una salida soberana. Por otra parte, el reclamo se sustenta en el obstáculo económico y comercial para el desarrollo de Bolivia que es ser un país sin litoral, y las consecuencias económicas que esto genera al dificultar su acceso a ciertos mercados; como también la restricción al desarrollo de sus actividades económicas basada en la baja demanda internacional de sus productos debido al costo extra que estos tienen que los vuelve inaccesibles para ciertos consumidores.

Enfrentamiento Chile – Bolivia

A. Zalles (2007) plantea que los desencuentros entre Chile y Bolivia a raíz del reclamo marítimo de este último país se explican en buena medida por las diferentes estrategias internacionales desplegadas históricamente. Chile se consolidó como una economía insular, aislada de sus vecinos, mientras que Bolivia estuvo condicionada por su falta de cohesión social y geográfica, lo cual dificultó las posibilidades de desarrollar una política internacional estable.
La condición aislacionista de Chile puede sustentarse incluso desde un aspecto topográfico o físico, franqueado por la Cordillera de los Andes hacia el este (que lo separa de Argentina), el Océano Pacífico hacia el oeste, y el desierto de Atacama en el norte, que sirvió como barrera o separación entre Chile y Perú – Bolivia. Esta forma de aislamiento voluntario, le ha reportado a Chile la creación y fortalecimiento de relaciones comerciales con países no pertenecientes a América Latina, por lo que su relación con los países centrales es más directa que la que posee el resto de los países sudamericanos.
Nos parece relevante mencionar cuál ha sido la evolución de las regiones del norte de Chile, que han mantenido mayor contacto con Bolivia y Perú. Las regiones de Antofagasta y Tarapacá (la primera previamente a la Guerra del Pacífico bajo control boliviano y la segunda bajo dominio peruano), se han desarrollado en base al comercio exterior andino. Antofagasta por ejemplo, tiene el mayor ingreso per cápita de Chile (casi USD 40.000 nominales al 2012), cuyo desarrollo se debe principalmente a las actividades industriales y portuarias que allí se realizan, contando con instalaciones con tecnología de punta.
Si consideramos a la ciudad de Arica (capital de la región de Arica y Parinacota), y su importancia como ciudad portuaria (especialmente para Bolivia), podemos afirmar que esta relación tan cercana con el país limítrofe tiene un componente geográfico evidente. Se explica básicamente debido a que la distancia entre Arica y los centros económicos bolivianos como La Paz es sensiblemente menor a la distancia entre Arica y los centros económicos chilenos, como Santiago.
Dentro de lo que es el ámbito portuario y el comercio internacional, la principal discordia entre Bolivia y Chile ha sido en torno a las tarifas que se cobran. Específicamente en el puerto de Arica surge otro problema, y es la concesión monopólica de la logística entregada a la Empresa Portuaria Arica (EPA) en el año 2004.  Esta situación acarrea dos grupos de problemas para Bolivia: primero, un aumento en las tarifas portuarias se hacía más probable y prácticamente inminente, y segundo, la EPA se introducía como un intermediario privado en una situación de por sí compleja entre los dos estados.

La producción boliviana es transportada principalmente a través de tres puertos del norte chileno: Arica, Iquique y Antofagasta, siendo el primero de ellos el de mayor importancia. Si consideramos los datos aportados por Correa Vera (2013), en 2010 el 73% de la transferencia de carga boliviana llevada a cabo en los puertos del norte chileno y el sur peruano se concentró únicamente en el puerto de Arica. Esto implica que durante ese año se movilizaron solamente en ese puerto aproximadamente 1.598.525 toneladas de productos bolivianos. Chile justifica la situación actual argumentando que Bolivia tiene plena autonomía aduanera en los puertos chilenos de Arica y Antofagasta y tiene el derecho a mantener mercancía en tránsito por 12 meses, con almacenamiento sin costo para sus importaciones y 60 días de almacenamiento gratuito para sus exportaciones, beneficios que muchas veces ni siquiera gozan los propios empresarios chilenos en los puertos de su país.

La relación Chile- Bolivia ha estado permanentemente permeada por las consecuencias de la Guerra del Pacífico, la pérdida de la salida al mar de Bolivia, y su constante demanda por una salida soberana al Océano Pacífico cuestiones que han sido factores determinantes en las relaciones internacionales entre ambos países. La mayor fuente de conflicto pasa entonces por el acceso a los recursos hídricos, por una parte la mediterraneidad de Bolivia y por otra el acceso al Río Lauca o Desaguadero cuya naciente y tramo superior se encuentra dentro del territorio chileno (aunque desemboca en el Lago Coipasa, en Bolivia).

Segunda mitad del siglo XX

Luego del golpe de estado llevado a cabo por Augusto Pinochet en 1973 para derrocar a Salvador Allende, el presidente chileno en ese momento, Chile se embarcó en un nuevo modelo de país fundamentado en la liberalización económica. Desde la situación chilena este nuevo proyecto de país conllevó una apertura comercial, que con altibajos se ha mantenido como característica de la economía chilena hasta nuestros días. Dentro de esta lógica es que se llevaron a cabo privatizaciones de las empresas hasta ese momento pertenecientes al estado chileno. Se crea una zona franca en Iquique (ciudad costera al norte de Chile y al oeste del desierto de Atacama) en la cual Bolivia es uno de los principales consumidores, a la vez que el puerto de Arica pasa a del sector público al sector privado.

Chile creó la Zona Franca de Iquique, (una zona franca es una porción del territorio en la que se goza de beneficios tributarios) con el objetivo de vender productos de ultramar, sobre todo a Bolivia. Con esa disposición se abrió un nuevo puerto para Bolivia, el de Iquique, lo que resultó más perjudicial que benéfico, porque incrementó el contrabando y perjudicó a las aduanas bolivianas. Esta zona franca del territorio chileno se desarrolló en el gobierno del socialista Salvador Allende, y luego fue retomada por Augusto Pinochet luego del golpe de Estado. Su importancia radica en que se ha convertido en un importante centro de comercio internacional para países de la región, entre los que lógicamente aparece Bolivia, ya que actúa como nexo de entrada y salida de productos entre América del Sur, Estados Unidos y los países asiáticos.

Siglo XXI

Con la asunción de Evo Morales como presidente del Estado Plurinacional de Bolivia en 2006, la reivindicación boliviana por una salida al Océano Pacífico cobró un nuevo impulso. Según aparece en Loreto Correa (2012) en marzo de 2011 el presidente boliviano anuncia la creación de la Dirección de Reivindicación Marítima, con la perspectiva de presentar una demanda contra Chile en tribunales internacionales, a la vez de pronunciarse en el tribunal internacional de La Haya sobre “su derecho al acceso soberano al mar”.
El principal argumento esgrimido por los bolivianos se relacionaba con los sobrecostos que están obligados a pagar por importar y exportar productos a través de los puertos chilenos, mientras que los chilenos sustentaron su defensa en argumentar que Bolivia contaba con acceso al Océano Pacífico mediante los puertos de Chile, y los tratados firmados solamente obligaban a los chilenos a cumplir ese requerimiento.
En la actualidad Bolivia aún no cuenta con una salida soberana al Pacífico y esta realidad la ubica en una posición desventajosa para el comercio internacional marítimo, implicando mayores costos y tiempo, lo que a su vez reduce la cantidad de potenciales compradores de sus principales productos de exportación, reduciendo sus ingresos, y por otro lado, no teniendo acceso a las riquezas marinas. Esto tiene como consecuencia la dificultad boliviana para dinamizar su economía de forma independiente de terceros países que actúen como nexos al exterior. El principal argumento esgrimido por los bolivianos en su reclamo se relaciona con los sobrecostos que están obligados a pagar por importar y exportar productos a través de los puertos chilenos, mientras que los chilenos sustentaron su defensa en argumentar que Bolivia contaba con acceso al Océano Pacífico mediante los puertos de Chile, y los tratados firmados solamente obligaban a los chilenos a cumplir ese requerimiento.

Si bien el comercio exterior, en los últimos años, ha ido en ascenso para Bolivia debido al alto valor de sus principales productos exportados, como el gas natural y algunos minerales, no se ha podido desarrollar del todo, debido a la falta de litoral.  En el año 2013, durante la presidencia de Evo Morales, el gobierno boliviano presentó una demanda ante el tribunal internacional de la Haya. El resultado de esto, fue nuevamente negativo para Bolivia ya que en el 2018 dicho tribunal falló a favor de Chile.

Mapa de las fronteras previas y posteriores a la Guerra del Pacífico entre Bolivia, Chile y Perú.

https://elpais.com/economia/2015/10/15/actualidad/1444931589_991511.html

Bibliografía:

1. A. Zalles, A (2007). Bolivia y Chile: los imperativos de una nueva época. Revista Nueva Sociedad N° 207.
2. Baschar, I.A. (2012). Bolivia y el acceso soberano al Océano Pacífico: Una deuda pendiente para la integración sudamericana. Universidad del Salvador
3. Correa Vera, Loreto, & García Pinzón, Viviana. (2013). Turbulencias desde el mar: Chile y Bolivia. Si Somos Americanos, Vol. 13 n° 1. pp 93-121. Santiago, Chile
4. Dirección de Relaciones Internacionales de la Asamblea Nacional de la República de Nicaragua (2016). Síntesis del conflicto marítimo territorial entre la República de Chile y el Estado Plurinacional de Bolivia. Managua, Nicaragua
5. Rosiére, S (2008), Disputa territorial. Disponible en:
http://www.hypergeo.eu/spip.php?article419