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Un 26 de Abril, de 1986, los 50.000 habitantes que residían en la ciudad de Prípiat, cercana a la Central Nuclear de Chernóbil, llevaban adelante sus rutinas diarias. Era un sábado ameno en el cual los niños salieron a jugar a los parques, las amas de casa realizaban los quehaceres del hogar y los vecinos charlaban entre sí; poco sabían ellos que a 3km de allí, durante la madrugada, se había producido el mayor accidente nuclear de la historia.

Alrededor de la 1:23 am de aquel trágico sábado, el reactor número 4 de la Central Nuclear Vladimir Ilich Lenin estalló como consecuencia de un ensayo programado que consistía en reducir la potencia del reactor, lo cual llevó a que se hiciera extremadamente inestable debido a acciones negligentes llevadas a cabo por el personal de la central sumado a las fallas que poseían los RBMK soviéticos. La explosión hizo volar la tapa del reactor, incendiando las instalaciones y liberando una nube radioactiva hacia el cielo ucraniano. Hasta esa fecha, no había existido un accidente nuclear de una magnitud parecida, por lo que no era un panorama conocido para las autoridades.

A pesar del despliegue de los servicios de emergencia, nadie en el radio del suceso fue informado sobre la explosión. Desde el primer momento, el asunto fue manejado con absoluto hermetismo por parte de las autoridades soviéticas, siguiendo el típico modus operandi condicionado por el mismo contexto del país y la época (sucedió en los últimos años de la Guerra Fría). Mijaíl Gorbachov se encontraba al mando de la Unión Soviética desde el año anterior y estaba implementando la política de la glasnost, destinada a liberalizar el sistema político y fortalecer la reputación del gigante socialista ante la mirada de occidente. Esto terminó trayendo efectos no previstos y, por lo tanto, de salir a la luz este suceso, se pondría en evidencia los problemas que presentaban las tecnologías soviéticas afectando su producción nacional.

El silencio de las autoridades parecía funcionar al principio, la vida cotidiana de su población transcurría con normalidad mientras miles de personas conocidas como “liquidadores” se encargaban de mitigar los efectos del desastre. Lo que no tuvieron en cuenta, a pesar de las advertencias de Valery Legsaov (jefe de la comisión encarga de investigar el accidente), fue la magnitud de aquello a lo que se enfrentaban, así como la localización de la planta nuclear con respecto al resto de Europa. El 27 de Abril, comenzó a derrumbarse la estrategia soviética al saltar las alarmas en la central nuclear de Forsmark, Suecia, ante el descubrimiento de partículas radioactivas en la vestimenta de su personal. Al ser cuestionados por el gobierno sueco, el Kremlin decidió negar el accidente comenzando a cavar lentamente su propia tumba.

El 28 de Abril, con la presión de las autoridades suecas para denunciar la situación ante el Organismo Internacional de Energía Atómica, el noticiero Vremya anunciaba brevemente la existencia de un incidente menor en la planta nuclear de Chernóbil que ya se encontraban remediando. La información tergiversada que brindaba el Kremlin, comenzó a generar muchas más sospechosas en occidente sobre una posible tragedia y cada vez la opinión pública internacional comenzaba a ejercer más presión sobre el gobierno soviético.

Para ese momento, ya se había comenzado a evacuar a toda la población de la ciudad de Prípiat, dejando todas sus pertenencias atrás sin saber lo que sucedía ni que tampoco podrían volver a sus hogares, ante la promesa de que se marcharían por unos pocos días. El resto de la Unión Soviética tampoco comprendía exactamente la situación y todo sucedía como si nada, incluso se hicieron celebraciones por el Día de los Trabajadores el 1° de Mayo.

La comunidad internacional no tardó en involucrarse, insistiendo al Kremlin que diera más detalles sobre la situación debido al peligro que suponía su cercanía con el resto de Europa, mientras las partículas radioactivas llegaban hasta el Reino Unido. A medida que pasaban los días, la reputación y legitimidad de la Unión Soviética disminuía como consecuencia del prolongado silencio, hasta que el 14 de Mayo (más de dos semanas después), Gorbachov se rindió ante el resto del mundo y admitió mediante un extenso informe la situación que se estaba viviendo en Chernóbil, en un intento de contrarrestar la opinión pública dando un ejemplo de la famosa Glasnost. Lamentablemente para él, la comunidad internacional siguió insistiendo que la información brindada no coincidía con la gravedad del asunto, dejando entre la espada y la pared al Kremlin.

La tragedia por sí sola, no implicó un gran impacto impacto para la estabilidad soviética, aunque el accidente y el posterior manejo de la situación sin duda dejó en evidencia las grandes fallas que poseía su sistema político: el abrumador silencio de las autoridades, la contradicción de los informes o las discrepancias entre los distintos sectores con respecto a la gravedad del accidente. También afectó el estatus de su industria nuclear, los defectos de diseño que tenía el reactor soviético RBMK hizo que fueran desmantelados de varias plantas nucleares a lo largo del mundo, siendo utilizadas al día de hoy únicamente en Rusia.

En cuanto al nivel social, el progresivo aumento del descontento hacía la URSS creció aún más debido a que los líderes terminaron priorizando su imagen en el plano internacional, sobre los soviéticos que debieron debatirse entre la vida y la muerte. Y desgraciadamente, fueron miles, según los reportes extraoficiales, las personas que fallecieron como consecuencia indirecta del desastre. También, fue un retrato de la indiferencia hacia el pueblo ucraniano que sufrió distintos actos de odio por parte de Rusia desde su anexión a la Unión Soviética, como la prohibición de su idioma o las limpiezas étnicas llevadas a cabo por Stalin.

A pesar del capítulo oscuro que vivió la sociedad soviética, es necesario recordar aquellas figuras que hicieron hasta lo imposible para contrarrestar los efectos de la radiación: Valery Legasov, jefe de la Comisión del accidente; los 600.000 liquidadores que se expusieron un largo tiempo a la radiación con tal de minimizar sus efectos; y a los ingenieros de la planta nuclear que se ofrecieron a adentrarse en el sótano evitando una posible explosión subterránea que agravara la radiación.

Para entender mejor lo que significó el accidente en la sociedad soviética, más allá de lo meramente teórico y académico, sino también desde lo social y humano, recomendamos leer el libro “Voces de Chernóbil” de Svetlana Aleksiévich y la miniserie de HBO “Chernobyl”