Arabia Saudita: Perspectiva en Política Exterior y conflicto Yemení

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Con base en los acontecimientos recientes y conociendo la historia de Arabia Saudita, nos daremos cuenta de lo importante que es la seguridad nacional dentro de la monarquía saudí y que sus políticas tanto de seguridad nacional como al exterior tienen un gran impacto dentro del ámbito internacional y para con la región misma. Políticas que la ponen como un referente y potencia dentro del mundo musulmán, con una imagen un tanto hermética en ocasiones, pero con la decisión de ser un país vanguardista que ostente una postura de equilibrio para occidente en la que la tensión referente a los diversos temas de principal foco de la región se haga más llevadera pudiendo servir como un bastión diplomático y de mediación que los lleve a buen puerto.

Así pues, los principios de contención e impedimento de la política de seguridad nacional saudí vienen a reflejarse en la lucha contra la piratería – en su mayoría somalí – que ocurre en el mar rojo y que afecta a los países de la zona, mediante la participación en el acuerdo Task Force 150 (encabezado por Estados Unidos) junto con otras 32 naciones en la vigilancia y atención de las aguas de esa zona, además del entrenamiento de equipos especiales que participen ayudando en las negociaciones con los secuestradores de las tripulaciones ante sus demandas para la liberación pronta de rehenes. Esta situación pone de manifiesto que cualquier situación de riesgo o que implique peligro en las aguas saudíes será motivo suficiente para que sea tomada en cuenta con la seriedad que amerita una respuesta rápida.

Dentro del foco internacional, Arabia Saudita ha encontrado una relación estrecha con Estados Unidos, aunque si bien ésta data de hace más de 90 años, y no siempre compaginan en muchos aspectos, es a partir de 1979 que con el fin de la Revolución iraní y posteriormente con la Guerra del Golfo en 1991 que esta relación se consolida y se vuelve relevante para ambos países, basando su interacción en el compartimiento de mismos intereses de seguridad, economía y política exterior tales como la lucha contra el terrorismo, el intercambio de información e inteligencia así como financiamiento para la disolución de diversos grupos radicales.

Sabiendo esto y observando los puntos de seguridad nacional a nivel interno y comprendiendo el rol que juega Estados Unidos como socio íntimo de los saudíes, podremos ver a profundidad que esta alianza es mucho más que una lucha contra el terrorismo, y aquí es preciso reflexionar: ¿Qué impacto genero teniendo como aliado a la principal potencia occidental siendo yo la cuna del Islam? Sin duda esta relación representa una alianza sólida que permite a ambos obtener beneficios y proyectarse como un vínculo que genera más vínculos, particularmente en Medio Oriente; es decir, permite a Arabia Saudí tener una presencia aún mayor para con sus vecinos países musulmanes.

Ámbito Regional y zonas de periferia

Actualmente, además de la participación internacional que Arabia Saudita ha desempeñado, también ha procurado ampliar su zona de influencia en la región y es aquí que pasamos al ámbito regional en el que la lucha por la hegemonía del Medio Oriente delimita la actitud, proyección y seguridad nacional de saudí en cuanto a su búsqueda de convertirse en la potencia principal.

En años recientes, la posición hacia Egipto, un vecino importante, ha estado orientada al principio de prevención mediante la ayuda económica y las propuestas de un acuerdo en el que se pretende construir un puente sobre el Estrecho de Tirán que una a ambos países, pues a partir de la caída de Mubarak, se tiene el temor de que el país africano se acerque más a Irán debido a la exigencia popular para con el nuevo gobierno de la renovación de lazos diplomáticos más profundos con esta nación, situación que Teherán ha declarado como grata, mencionando que un acercamiento como Egipto en el que adopte un modelo al que se adoptó posterior a la Revolución Islámica podría ser un fuerte vínculo en común entre ambos.

De igual manera, existe la intención saudí de unir a las monarquías musulmanas como Marruecos y Jordania con la finalidad de discutir situaciones en las que el poder se vea comprometido; es decir, la anticipación a que ocurra algo que amenace la concentración del poder en estos regímenes tal como ha ocurrido en Marruecos. La importancia de la conservación del poder como monarquía es crucial para Arabia Saudita debido a lo que eso representa en cuestiones de influencia, por lo que una alianza con estos reinos mostraría una posición estratégica tanto en el Magreb como en Medio Oriente, incluso procurando buscar también la alianza con Qatar y servir como contención ante el surgimiento de propuestas internas o presión internacional para el establecimiento de una división de poderes.

En cuestiones de seguridad, la alianza con Estados Unidos le permite gozar de tranquilidad dentro de su territorio, permite tener un protector ante cualquier amenaza externa, siendo la iraní la que pudiera ser más peligrosa de todas aunque paradójicamente le hace valer la desconfianza de los países vecinos.

Bien podemos hablar de una serie de batallas por la consecución de aliados mediante la influencia que ambas naciones ejercen dentro de la región, siendo los saudíes los impulsores de una integración más fuerte entre los que conforman la Liga Árabe y del Consejo de Cooperación del Golfo, una forma diplomática de hacerlo, mientras que – si queremos comparar – Irán lo hace de una forma más coercitiva usando lo que se conoce como Asymmetric Warfare, una estrategia que se caracteriza básicamente por la aceptación de una parte beligerante como diferente en cuanto a recursos, medios y tácticas, así como el enfoque en las debilidades del otro, asumiéndose así Irán como superior mediante la demostración de su fuerza en los distintos ejercicios y desfiles militares que realiza con la intimidación que esto conlleva; además de las constantes declaraciones referentes a las armas nucleares.

Es en este sentido que el papel norteamericano se ve relacionado a esto, ya que en 2015 con el Plan de Acción Integral Conjunto bajo la administración Obama, Arabia Saudita no estaba complacida con el acuerdo  por lo que al darse a conocer la decisión del presidente Donald Trump de abandonar el acuerdo, y de imponer nuevamente sanciones a Irán, los saudíes lo respaldaron y lo aceptaron con gran agrado porque ellos sostenían que el dinero que ahora percibía la nación persa era utilizado para el desarrollo de su programa armamentístico nuclear.

Así mismo también se puede mencionar una guerra proxy en la que ambos países se han inmiscuido en los diferentes conflictos que han ocurrido dentro de la zona, como la Guerra en Irak y en Siria. En el caso de Irak, la retirada de tropas de Estados Unidos supone un escenario más complejo para tenerlo como socio y alejarlo de la influencia iraní, así mismo con Siria y la retirada paulatina de las tropas americanas y la presencia de Rusia e Irán como victoriosos aparentes de ese conflicto, vuelven el escenario más complejo para lograr conformar una alianza sólida de países árabes.

Situación en Yemen

También como parte de esta rivalidad, Arabia Saudita ha entrado al conflicto Yemení procurando contener la creciente crisis que se percibe en sus fronteras, atendiendo a una política en la que prefiere eliminar las amenazas antes que se conviertan en algo serio, más aún en este caso sabiendo que una de las principales facciones del conflicto son los Hutíes (división chiita) que son respaldados por Irán.

Si bien las acciones que ha llevado a cabo la monarquía saudí han resultado en ocasiones controversiales debido al creciente número de muertes que su guerra proxy con Irán ha causado, podemos afirmar que están dotadas de un carácter esencial para asegurar que sus áreas inmediatas no se vean comprometidas causando en un futuro problemas mayores. Es importante mencionar que estas políticas que se han tomado muestran una divergencia a las anteriores, dado que en el pasado si bien se apoyaba a los zaydíes que eran chiítas estos últimos tenían inclinación pro saudí, y no pro Irán como ahora, por lo que se consideraban aliados estratégicos dentro de la nación yemení.

Se puede especular que justo ahora y marcado por el escenario de COVID-19 el conflicto no parece tener un fin próximo, por lo que las directrices que tome Arabia Saudita serán importantes ya que la amenaza seguirá cerca de ellos y el mantenimiento de la coalición internacional así como de la ofensiva aérea no han dado los resultados esperados. También podemos mencionar que las negociaciones no darían una victoria saudí porque la influencia iraní seguiría demasiado cerca, lo suficiente para ser considerada una amenaza de riesgo para el régimen. A 5 años de la primera intervención saudí, el conflicto supone una crucial prueba de fuego que día a día se complica más y que está desgastando a las partes involucradas.

A pesar de este escenario, los nuevos aires que el príncipe heredero ha dado a las políticas nacionales pueden ser la clave para una nueva fase en la política de seguridad nacional saudí, atendiendo de una manera más eficiente y estratégica los diferentes problemas que supone la consecución de un liderazgo en la región y que sobretodo ayude a la llegada de la paz en los conflictos imposibles que ya durante años han azotado esa zona del mundo.

La alianza con Estados Unidos seguirá siendo crucial y merece atención especial con las elecciones próximas, se sabrá si Trump continuará siendo el amigo fiel que necesitan los saudíes para continuar con sus planes o si llegarán nuevas directrices con un nuevo presidente que ponga de manifiesto un cambio en las mismas. De igual forma, en los últimos años se ha propuesto una mayor independencia saudí dentro de esta relación en la que no sea solo un aliado sino empezar a desempeñar un papel mucho más importante y con más responsabilidades.

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