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Los días 6 y 9 de agosto, son fechas de recuerdo y dolor, materializados a través de homenajes y minutos de silencio, en tanto en aquellos días, pero de 1945, Japón sufrió uno de los eventos más aberrantes de todo el siglo XX, con el lanzamiento de las bombas atómicas en Hiroshima (Little Boy) y Nagasaki (Fat Man) respectivamente. En esta semana se están cumpliendo 75 años de tales eventos.

Para entender (si es que se puede entender) el motivo del actuar de Estados Unidos, el presidente de ese entonces, Harry Truman, quien de su mando salió la orden de tal proceder, recurrió al argumento del mal menor. En su discurso tras el lanzamiento de la segunda bomba, expresó ¨La usamos para acortar la agonía de la guerra, para salvar las vidas de miles y miles de jóvenes estadounidenses¨. Detrás del discurso que el mandatario estadounidense daba, se encontraban otras intenciones, que destacaremos infra.

Un dato curioso a destacar, es que la ciudad de Cokura era el objetivo principal y no Nagasaki, blanco secundario. Lo que sucedió fue que cuando los aviones volaban Cokura, al estar la misma en su mayoría cubierta de nubes, dificultando la visualización para poder lanzarla en el lugar planificado y salir ilesos, se decidio ir por el objetivo secundario.

Es que precisamente, la elección de objetivos no fue arbitraria ni caprichosa. Hiroshima fue la principal ciudad elegida, y en caso de no ser posible, la primera bomba sería lanzada en Cokura. Mientras que para la segunda de las bombas, Cokura se convertía en la primera opción y Nagasaki, en la segunda. Las tres ciudades tenían un diámetro adecuado considerando la anchura de Japón, y además, eran militarmente importantes. En contracara, otras ciudades japonesas habían sido dañadas a lo largo de la guerra, como el caso de Tokio, por lo que respecto de ciudades tan masacradas, no se volvía conveniente atacar.

El lanzamiento de las bombas atómicas nos traslada a los internacionalistas el desafío de leer entre líneas. Por ello, en primera instancia, destacamos como hecho a tener en cuenta, que en nuestro entender, y por lo que mencionan diversos autores, en caso de no haber sido Truman quien esté en el poder, las bombas podrían eventualmente nunca haber sido lanzadas.

Si bien el proyecto Manhattan estaba en marcha desde que Roosevelt estaba en el poder, cuando leemos relatos sobre su persona y vemos su arduo trabajo por crear la ONU, además de sus ideales pacifistas, concluimos que de haber estado vivo, y por ende, al mando de Estados Unidos (Roosevelt muere el 12 de abril de 1945 tras sufrir una hemorragia cerebral), un escenario como éste, no hubiere visto la luz. Por el contrario, Truman es descripto por Zorgbibe como ¨Humanamente el anti Roosevelt: no tenía ni el carisma, ni el lirismo, ni la elegancia patricia de su predecesor, sino únicamente el acento nasal del Medio Oeste¨. Al asumir, Truman había sido vicepresidente hacía sólo cinco meses, y había durante un tiempo permanecido bajo sospecha por haber estado asociado a Thomas Phendergast, quien dominó durante 25 años la política del Partido Demócrata en Missouri, y acusado de basar todo su poder y maquinaria política en la corrupción y el vicio.

En efecto, a Truman no le tembló el pulso. A finales de abril fue informado en detalles sobre el proyecto Manhattan. Durante la conferencia de Potsdam (17-31 de julio de 1945) le fue comunicado por Stimson (el secretario de Guerra), el informe del general Groves, director del proyecto Manhattan, sobre la prueba atómica de Alamogordo. Stimson expresó ¨El Presidente se sintió totalmente revigorizado por la noticia y me hablaba de ella cada vez que le veía. Me confesó que eso le daba un sentimiento de confianza absolutamente nuevo¨. El interrogante de Truman tras la prueba de Alamogordo, según cuenta Zorgbibe, no era respecto a si lanzar o no la bomba, sino, cuando la misma podría ser lanzada, a lo que se le informó que el primer bombardeo atómico podría ser llevado a cabo a partir del 1 de agosto, el 8 o el 10 como máximo.

En segunda instancia, como mencionábamos supra, no podemos dejar de destacar, que detrás del discurso de Truman, se encuentran intenciones ocultas. El estructuralismo, una de las teorías de las relaciones internacionales, tiene como premisa básica, el análisis crítico de los discursos. En aplicación de la misma, hay que cuestionar las certezas y desvelar elementos que se encuentran detrás de los discursos, para comprender mejor la política mundial. La relación entre Estados Unidos y la URSS, en esos entonces, se estaba tensionando. Truman le había comunicado a Stalin en Potsdam sobre la tenencia de una bomba de semejante magnitud, a lo que Stalin, simplemente escuchó, y no dio trascendencia. En Europa del Este los países que protagonizarían la guerra fría ya estaban entrando en conflicto, y la mencionada Conferencia de Potsdam demostró la falta de acuerdo entre los mismos sobre los aspectos más relevantes que se trataban en la escena internacional.

Con el discurso, Truman no sólo anunciaba al mundo que el lanzamiento era para poner fin a la guerra. Ratificaba el poder de Estados Unidos; mostraba lo que Estados Unidos era capaz de hacer; dejaba en evidencia que su rol de superpotencia estaba asentado y que si decidía tirar una bomba atómica lo realizaba, al no haber poder al que someterse ni al cual obedecer; hacía notar la existencia y efectividad de un arma, que a partir de ahora generaba una nueva dicotomía entre armas convencionales y armas no convencionales, lo que indefectiblemente llevaría a cuestionar a quien no tiene las segundas, de meterse con alguien que si las tiene. Pero evidentemente, y más que respecto de otro, era un mensaje para la Unión Soviética. Para ciertos autores, el lanzamiento de las bombas es el evento que marca el inicio de la guerra fría. Comprendemos de difícil tarea establecer cuál fue el acontecimiento que puso comienzo a dicha guerra. No obstante, es innegable que, aun cuando el lanzamiento (en teoría) fuere (en los hechos) para derrotar un enemigo común de EEUU y la URSS, claramente, llevaba consigo, fines diversos.