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Suecia ha decidido enfrentar al COVID-19 de una forma distinta a la del resto del mundo, incluso a la de sus vecinos escandinavos.

Después de un largo y crudo invierno, los suecos reciben la primavera con los abrazos abiertos en épocas de “codo con codo”. Hay adolescentes en los parques, en los bares, los escuelas preescolares y primarias aún tienen clases, la gente se saluda con la mano, hay actividades al aire libre.

Esto tampoco quiere decir que en Suecia exista la libertad de movimiento total, ya que el gobierno ha aconsejado al público que practique el distanciamiento y de ser posible que trabajen desde las casas, exhortando también a las personas mayores de 70 años a aislarse por precaución.
Los centros educativos secundarios y terciarios, a diferencia de los preescolares y primarios, permanecen cerrados. Está prohibido también estar de pie en los bares, pero los restaurantes sí tienen permitido dar servicio a los comensales en mesas o para llevar. Pero comparado a las estrictas medidas tomadas en la amplia mayoría de los países, Suecia aún conserva un muy alto nivel de libertad personal.

Stefan Löfven, primer ministro sueco, asegura que confía en la responsabilidad individual de los ciudadanos, y que esta es la mejor forma de alcanzar el bien común. «Los adultos tenemos que ser eso exactamente: adultos. No hay que extender el pánico ni los rumores» declaró, luego de la confirmación de más de 3 mil casos de Coronavirus en el país y de que se superara el centenar de muertos, sobre una población de 10 millones.

De igual manera, el jefe de epidemologia de la Agencia de Salud Pública, Anders Tegnell, explicó que “Esta situación se alargará meses; no podemos simplemente decir que todo estará cerrado durante varios meses y ya, no funcionará”. Tegnell también apunta a la responsabilidad civil, argumentando que es una etapa aún temprana del virus y es posible retrasar su propagación si los habitantes actúan de forma consciente, pero que de nada servirá frenar todo y encerrar a las personas en sus hogares, dando a entender además en diversas conferencias que esta solución podría traer consecuencias mucho más graves para las cuales no existirá una vacuna.

Además, Suecia ha decidido priorizar a la población de avanzada edad y a los famosos grupos de riesgo, esto quiere decir que ya no se hacen tests a todas aquellos que presenten síntomas, sino que únicamente a los recién mencionados. La Agencia de Salud Pública remarcó que la decisión responde a una necesidad de priorizar mejor los recursos, y así centrarse en los pacientes más gravemente enfermos o en riesgo.

“La estrategia anterior de detectar todos los casos de enfermedad, al evaluar a las personas que presentan síntomas después de viajar a ciertas áreas en el extranjero, ya no es la más efectiva”. Esto significa que todas las personas enfermas con síntomas de resfriado o gripe deberían estar en casa para no correr el riesgo de contagiar a otros”, explicó la Agencia. Por lo tanto, cualquier persona que no se encuentre en el grupo de riesgo, pero que tenga síntomas de coronavirus (como tos o fiebre), debe permanecer en su casa y limitar el contacto social hasta que quede libre de síntomas durante al menos dos días.

¿Qué sucede con sus vecinos?

Ante los primeros casos, Finlandia declaró el Estado de Emergencia el 16 de Marzo, en medio de un aluvión de críticas al gobierno por su decisión de no cerrar escuelas y universidades, principalmente. A partir del día 18 del mismo mes todo los centros educativos del país debían cerrar de forma obligatoria. Asimismo el gobierno finlandés prohibió las reuniones de más de 10 personas como también aquellos lugares de ocio y cultura. También se sugirió al sector privado, al tercer sector y a las comunidades religiosas que hagan lo mismo, aunque no es mandatorio y las personas siguen yendo a trabajar.

El país más afectado de la región, Noruega, tomó medidas más drásticas. El gobierno ordenó el cierre de escuelas y universidades, de centros recreativos y prohibió cualquier tipo de reunión, sin importar la índole de la misma, también recomendó a los ciudadanos trabajar desde sus hogares, siempre que sea posible. Además, en materia de movilidad, se impuso un cierre parcial de fronteras, implementando amplios controles de sus puntos de entrada terrestre (pero no cerró su frontera con Suecia) y se prohibió la entrada de extranjeros al país, permitiéndose únicamente el ingreso a nacionales o residentes.

Mientras tanto en Dinamarca las medidas han sido similares, a lo que se le ha sumado que el gobierno pueda obligar a cualquier ciudadano a someterse a estudios y análisis médicos, llegando a utilizar el uso de la fuerza de ser necesario.

Suecia por ahora ha optado únicamente por una campaña masiva de reparto de “guías de comportamiento”, donde se cita el frecuente lavado de manos, el teletrabajo en los casos en los que sea posible, permanecer en casa ante síntomas de enfermedad o en el caso de personas ancianas y evitar viajes innecesarios. Sin embargo, a pesar de una reducción en las frecuencias del transporte público, las calles de Estocolmo no lucen vacías.

Un objetivo: salvar la Economía

Kerstin Hessius, exjefa de la Bolsa de Estocolmo y presidenta de uno de los mayores fondos de pensiones de Suecia, afirmó al canal SVT el 19 de marzo pasado que podría darse un retorno al desempleo masivo «como en los años 20 y 30». «Debe haber formas más eficaces de limitar el hacinamiento en los hospitales que cerrar toda una economía», enfatizó, insistiendo en que «una generación entera va a perder su futuro si seguimos así».

Un gran número de economistas y asesores del gobierno advirtieron de los riesgos de una depresión económica, que en última instancia podría dar lugar a un balance humano mucho más dramático que el de la pandemia.

Un dato un tanto irónico es que Suecia mientras apuesta por el individualismo y el funcionamiento de la economía, está bajo un gobierno progresista social-demócrata. Por otro lado, Noruega, quien ha priorizado la salud y ha tomado medidas estrictas de aislamiento social, está regida por un gobierno liberal-conservador.

Por otro lado, otro dato particular es que más de la mitad de los hogares en Suecia están compuestos por una persona, lo que dificulta la propagación del virus. Esto, sumado a la cultura del teletrabajo y la flexibilidad horaria existente en el marco empresarial, le otorga cierta “ventaja” al país, como recuerda la Stockholm Business Region, la mayor asociación de emprendedores de la capital escandinava. Sin embargo, tampoco es que existan muchas diferencias respecto a sus vecinos.

«La comunidad empresarial sueca considera que la aproximación del Gobierno sueco ante la pandemia es mucho más sensata que en la mayoría de países», ha asegurado a la BBC Andreas Haztzigeorgious, directivo de la Cámara de Comercio de Estocolmo. «Tenemos que combinar la minimización de los efectos sobre la salud del virus y el impacto económico de la emergencia», ha defendido.

Vale recordar que todas las naciones nórdicas se ubican entre los primeros puestos en cuanto a libertades individuales y económicas, y todas ellas comparten rasgos y modelos muy similares. A pesar de esto, Suecia ha desentonado con respecto a sus vecinos en esta ocasión, ¿o es la única que se ha mantenido firme y ha confiado en su modelo?